«Buscar a la chapa», cuando se trata de comprar o vender y no existe un mercado con las dos puntas a disposición, implica el hecho de ir en procura del agente que -operando por cuenta y orden de la empresa cotizante- o bien brindaba el papel faltante, o tomaba la posición del que quería vender. Una suerte de «padrinazgo» con la misión de lubricar la plata, pero también de cortar los excesos por estrangulamientos de oferta y demanda. La figura de tal «hacedor de mercado» está en nuestro medio como un instrumento incorporado, no siempre bien mirado, pero proporcionando un buen sostén a las plazas y evitando colapsos de precios, por faltar el debido abastecimiento en una de las puntas.