21 de junio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Varias leyes de oro de nuestro añejo sistema bursátil mundial volvieron a sacarse lustre en la pendiente que se ha ido sufriendo y que no respondió a ninguna causa intrínseca de los mercados. Ni de los de afuera, ni del local. Es decir, no se trató de una «implosión» -como sucedió con el desastre del boom de las tecnológicas, hace unos años- porque los excesos llegaron al límite de inflación de precios y la «burbuja» estalló, porque se la venía inflando desde adentro del sistema. Esto pone de relieve uno de los primeros mandamientos para el inversor: no limitarse a vigilar y analizar el mercado donde puso sus intereses, sino rastrear permanentemente el ancho de la pantalla incorporando causales a la vista -o potenciales-que después puedan derivar en la tendencia de la Bolsa.

También reverdece el enunciado de otra de las leyes básicas: el peor veneno para la inversión de riesgo, la bursátil, es la tasa de interés. El costo del dinero y la retribución al capital con una cuota de riesgo casi desechable, como cuando se invierte en todas. A algunos les parecía insólito que frente a los primeros anuncios del nuevo titular de la Fed, acerca de un progresivo incremento -muy gradual- de la tasa testigo, se pudiera generar semejante traspaso de capitales en el mundo. Y que comenzaran a sufrir enormes brechas las tendencias de las Bolsas.

Pues bien, esto no es un invento moderno. Moderna puede ser la tecnología, los instrumentos, la informática y la velocidad de las comunicaciones: la globalización. Pero, lo otro, es más viejo que el sistema mismo. Y seguirá cobrando sus víctimas, en la medida en que se quiera desafiar el seguro efecto que ocasiona un mecanismo financiero que actúe como un revulsivo. En esta ocasión resultó un gran estruendo internacional, porque partió de los Estados Unidos la acción y continúa siendo el gran poderoso dentro del listado económico. Otras veces el efecto se limitó a un estallido local, cuando la retribución a la renta fija comienza a competir con lo que puede generar un título de riesgo.  


También a los insalvables sobradores, que ante todo movimiento sísmico dicen que «a nosotros no nos puede suceder», les habrá venido bien el baño de realidad y el temor que comenzó a surcar no sólo en la Bolsa. Al oír a un Presidente plenamente eufórico con el gesto tener que pedir ahora por el «ahorro», se puede contar con el mejor testimonio de que tal temor caló hondo.

Hay otros muchos temas que están flotando en el mundo, en nuestro escenario, que se deben tener dentro de las evaluaciones. Periódicamente nos metemos con algunos de ellos, precisamente porque esta columna es bursátil y debe comprender todo el espectro, sin que nada le sea ajeno. Siempre nos gustó inculcar que la Bolsa es «la única inversión ilustrada». Todo le atañe.

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