¿Qué hacer a esta altura del año con mis acciones, después de ver cómo perdía lo ganado al principio?... nos pregunta, entre otros considerandos que agradecemos, el señor Abel Suárez, lector de Rosario y preocupado por el curso triturante que ha tenido la tendencia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Sabe el atento señor, porque lo menciona también, que desde esta columna nunca intentamos jugar al profeta, ni mucho menos jugar de audaces con el dinero de terceros (mejor dicho, con intereses de otros). Y, simplemente, porque creemos que esos tipos de recomendaciones que no cuesta nada hacer valen exactamente eso. En general, el que acierta alguna vez sale a pasar la factura como para recibirse de adivino y se cuida mucho de que sus equivocaciones queden sepultadas por nuevos pronósticos. O bajo el viejo ardid de los políticos, de explicar por qué no sucedió lo que ellos anticipaban (incorporando alguna variable como culpable del desvío).
Si algo podemos sugerirle, apenas como esencia de haber visto al mercado local por unas tres décadas y haber revisado pasajes históricos de altibajos del mercado, es solamente una dosis de paciencia si uno ha quedado varado y en medio de dudas. Si este señor pregunta, damos por cierto que está dudando acerca de qué hacer con su posición. Por lo cual todo lo que intente, y no resulte lo correcto, le traerá mortificaciones. Distinto cuando uno está convencido de que todo seguirá peor -y vende- se siente seguro sobre una recuperación -y compra más-porque vaya bien o mal lo realizó plenamente convencido de ello.
El mercado ya superó la mitad de trayecto y se nos ocurre que estamos como arriba de una aeronave y el piloto dice que se acaba de pasar «el punto crítico». Que es el punto del «no retorno», momento donde ya no cabe poder retornar a la base original porque el combustible no alcanza para cubrir el camino de vuelta. Y hay que seguir hasta el objetivo fijado, afrontando turbulencias, condiciones peligrosas, escasa visibilidad, o lo que surja porque, hacia atrás, ya no se puede volver.
Esto, al menos, quita la incertidumbre sobre qué dirección tomar. La alternativa es sólo una, llegar. Si lo convertimos a situación bursátil, se puede agregar que lo que nos deja el pasado es saber que el mercado -con paciencia-ha hecho resarcir carteras que, en el peor nivel del valle, parecían imposibles de recuperarse.
Lo que nunca debe abandonarse es la posibilidad, en los momentos más críticos, de ir puliendo posiciones y dejar unos papeles en procura de sumar otros, que contengan mejores condiciones intrínsecas. Bien porque los precios relativos alterados variaron las diferencias y se cambia uno bueno por otro muy bueno, o por balances y porvenir. (Lo demás es su decisión.)