No, de ninguna manera hay crisis energética. Pero llegaron las imágenes desde Nueva York, donde la Argentina ofrece un trato -quizás, único en la historia- a Paraguay para canjearle deuda por energía. Medida desesperada, pero atención: a nadie se le ocurra mencionar que es una crisis. Al unísono, la señora Kirchner -cuando la interrogaron acerca de tocar la campana en Wall Street- dejó una revelación valiosa: «El capitalismo existe». Y sobre la base de ello, unió todo el mosaico ideológico y conceptual en que viene envuelto el caminar de este gobierno. Y en lo local, muy oportuno que no estuvieran las autoridades máximas, funcionarios de segundo y tercer nivel trataron de calmar a la comunidad judía. Negando que exista algún brote antisemita, pero sin poder explicar por qué se dejó actuar de tal modo a los ultraviolentos de Quebracho y Cía.
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Acuerdos con los supermercaditos chinos, sobre precios de alimentos y artículos de limpieza, para tener el señor Moreno la suma comodidad de hacer registrar esos precios y negar cualquier inflación que se produzca fuera de la zona de exclusión china. Como si todo el mundo fuera, o debiera ir, a comprar en negocios de los chinos. Sigue la extraña estrategia de que las cosas parecen, pero no son. Y que si la gente cree ver otra cosa, sus ojos e intelecto la engañan. La razón es sólo una: y es la que expresa la autoridad oficial. Todo lo demás no existe o es falso. Repasando las directivas: no hay crisis energética. El capitalismo es reconocido por nuestros gobernantes. Y hay que comprarles a los chinos.
Cuando íbamos a tipear esta columna, veíamos soberano escándalo e incidentes en un país. Y nos enteramos de que era Hungría, comunidad no asiduamente vista en tales malestares. ¿Qué había sucedido? Pues que el personaje que los gobierna fue tomado en una cámara oculta reconociendo que «había mentido» como para ganar las elecciones. Y la ira popular se desató.
Mentir para ganar. Mentir para representar a alguien y cambiarse de colores. Mentir para alinearse con enemigos previos. Tan incorporado lo tenemos como «usos y costumbres» locales, que tales incidentes nos parecen una «reacción exagerada» (como diría algún político y/o periodista afín).
Seguro que nosotros tenemos la razón y es el mundo el que viene de contramano. (O estamos muy mal.)
Por la tarde, nuestro recinto había resultado el gran ganador de la fecha, con su más de 2% de alza en el Merval. Un hecho para remarcar. Aunque le haya faltado el sustento de base, como casi siempre.
Tenaris -y alguna otra- vendrían a ser a la Bolsa lo que el supermercadito chino será a la inflación. Y si De Vido fuera presidente de la Bolsa, aseguraría: «Las bajas no existen». Belleza.