Se puede seguir creyendo en el movimiento. Para creer en un vuelco de tendencia todavía falta. A cada semana se vuelven a plantear deberes por cumplir, vallas por superar y aplicación de herramientas idóneas frente a cada faceta que se presente. Van solamente unas semanas, desde mediados del mes anterior, y el índice local en acciones ha conseguido varios logros. Como, por caso, estar ahora vulnerando terrenos de otra centena -lo que lo ubica camino del nivel de cota «2000»- y haciendo frente a una tónica exterior, que había mostrado detenciones en mercados referentes. Hecho que le permitió sacar diferencias a favor y trepar en el ranking regional varios escalones.
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No son temas menores, como no lo fuera el haber alcanzado una rueda con más de $ 100 millones de efectivo, que no se veía desde mayo, después aflojando con la presión y dejando hacer una pendiente escalonada hasta arribar a los $ 52 millones del viernes: sin que nada saliera por el parabrisas, a pesar de un freno que en tres ruedas rebajó el volumen a la mitad.
Si se van anotando esas mejoras comprobadas, dentro de la marcha del mercado de Buenos Aires, no es arbitrario ni derivado del deseo el concepto de que se instaló un movimiento. Y el mismo debe abrir hoy con sus negocios cargando con incertidumbres respecto de cómo se comportará la demanda -y en día lunes- habida cuenta de un claro descender del ritmo durante la sesión final. Salvada la rueda con daños mínimos, de menos de medio punto de retroceso, porque la oferta se ajustó al más puro estilo «sardinas»: acomodando su tamaño al de la lata que lo contenía.
Lo de Misiones terminó por colaborar, si bien con toda la hipocresía habitual de estos tiempos en la política, pero con gobernantes que sumisamente acusaron recibo del cachetazo dado en una decisión a que se obligara a una población, fogoneando al lado perdedor con toda la artillería posible. Después, tratar de pasar el fracaso y reciclarlo, como que todo sucedió con el beneplácito del gobierno. Y hacer que otros abdicaran de sus delirios, al menos por ahora, mostrando -aunque obligado- un principio de sensatez. El riesgo del incentivo al consumo, con el corcho de la inflación embotellada que se está hinchando para partir como uno de Navidad, parece ser el enemigo general que cobrará cuerpo. Y que es el peor, porque ataca en todas direcciones, hecho que bien puede truncar todo ánimo alcista en el movimiento incipiente. Por ahora, hacer repaso de las mejoras y elogiar lo elogiable, reconociendo el cambio habido, es hacerle justicia al mercado. Por lo demás, lo de fondo, habrá que seguir esperando.