«Es difícil tener buenos ideales con el estómago vacío», concepto que refiere a quienes viven en la indigencia y se les piden pensamientos y actitudes de los que, al menos, pueden vivir con sus necesidades primarias cubiertas.
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Si uno transporta el concepto a lo que es la simple vida bursátil, encuentra que tal adaptación es asimilable y comprueba que también funciona debidamente. Es cuando se transita por las zonas estériles de la tendencia y todo el ambiente se ve invadido por el malhumor, los nervios, lo que va bloqueando la capacidad de evaluación de operadores e inversores.
Todo luce como negativo, las acciones resultan todas malas, se olvidan velozmente las metas aquellas (de cuando se arman posiciones para verlas evolucionar a cierto plazo). Lo que se armó se cambia de continuo, o se desarma de manera irreflexiva. Y, de paso, no se titubea en querer buscar culpables de la baja bursátil. Los que están en primer final con los propios agentes de Bolsa, a quienes se les solicita asesoramiento y después se los convierte en responsables (como si ellos ejecutan órdenes sin consentimiento del cliente, que es el que posee la facultad de decidir). Todo se va hilvanando, el sistema sufre deserción, los ingresos decaen, las carteras pierden valor. Lo que se advierte es que con el «estómago vacío», también en esto se hace difícil engendrar buenos ideales.
Cuando el panorama va cambiando -se comienza a salir del fondo del pozo- también se percibe en las opiniones y en las decisiones del ambiente que está retornando la normalidad, y las discusiones y evaluaciones van teniendo más sustento racional: se va pensando mejor. Ya dejan de ser todas malas, se van viendo acciones de perfil interesante, surge la palabra «subvaluadas» y se va formando una cadena positiva. La diferencia también está en que el positivismo es más gradual, mientras que lo negativo hace daño en menor tiempo.
Todavía estamos, parece, en una zona intermedia: habiéndose salido de lo más depresivo, pero avanzando con sumo cuidado en el repunte del mercado. Hay gente que tiene un pie adentro, pero mantiene el otro afuera, todavía recordando los meses que se fueron yendo hasta dejar al Merval al final de la nómina entre los pares.
La semana anterior volvió a ser ganada y con ciertos perfiles atractivos, volumen apoyando los repuntes, siempre con el epicentro en una sola -Tenaris- y que, afortunadamente, trajo consigo un estado de cuentas que no cayó, como en otros casos, creando desconcierto. Se continúa muy atado a lo que ella produzca y derrame sobre las restantes, que no es el esquema deseado por la alta exposición que genera y la dependencia del índice. Sirve tener una locomotora para dar el impulso, en esta zona es favorable, pero la tendencia también requiere un movimiento más «democrático».