Nuevamente el sistema eléctrico estuvo caminando sobre el alambre -más bien, sobre el cable, para estar a tono- ante algunos días con temperaturas de más de 30° (que no es nada respecto de lo que pueda ser en verano. Y desechable, en comparación con lo que sufren en Europa, por caso). Esto quedó como noticia de recuadro, si bien Ambito Financiero fue el único que lo destacó en Tapa. Demostró también que cierto halo mágico rodea -por ahora- a un gobierno que hace de la improvisación y falta de previsión una única estrategia (la de no tener ninguna, en una cerrada de asuntos) y cuando ya se había llegado al límite de lo disponible en tal tipo de energía. Segunda vez, unos veinte días antes ya se había caminado sobre el cable, que cuando el sistema está al rojo vivo: sobreviene una lluvia providencial y una corriente que refresca termómetro.
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La pregunta, buena para apostar sobre ella, resulta: cuándo será título catástrofe de primera plana, un gran apagón en el país.
Puede ser que el halo mágico continúe vigente, protegiéndonos a todos, o que en algún momento suceda lo que la lógica dice que deberá suceder. Lo primero que se volvió a colocar en superficie es lo que más gusta a los funcionarios: amenazar a empresas para que no puedan pasarse ni un kilowatt de lo consumido en 2005, y que a partir de la raya, se las arreglen como puedan. Con tal base primaria es que se procurará mantener viva la idea del crecimiento: producir más, con igual energía. O producir a iguales precios, aunque deban cargarse sustanciales costos adicionales por utilizar medios alternativos. Son de las variables que no cierran por ningún lado -tal como el negar la crisis energética y verla al rojo con algo más de 30° de temperaturay de las que no se hacen cargo demasiado, los que lanzan análisis y pronósticos económicos.
Llegar a considerar que el «aire acondicionado», simple artefacto doméstico de cualquier país del mundo, es uno de los peligros mortales para nuestro sistema eléctrico impone debidamente sobre el dramatismo que rodeará el tránsito veraniego. Y veremos cómo juega esto en la vida empresaria, que ha sido puesta entre dos espadas: o someterse a penalizaciones duras, o procurarse energía a un costo mucho mayor. Y teniendo encima el zapato del secretario de Comercio.
Mientras el grave tema apenas ganaba espacio, los medios ocupaban títulos y notas acerca de un personaje llamado D'Elía: indudablemente popular, a fuerza de cometer un reguero de torpezas. Y así, el máximo responsable de ofrecerlo como funcionario al país -el gobierno- salió a tener que pedirle la renuncia. (En realidad, hasta se tendría que haber pedido perdón por permitir que tuviera un cargo público. Y mucho más, si se lo deja dictando clases y deformando mentes). En este río turbulento prosigue una gestión, digna de poder ufanarse de cierto «halo mágico».