«El mercado se ha empiojado...», bien diría el paisano ajeno a la técnica y verba bursátil, pero siempre tan gráfico definiendo situaciones. Académicos de la inversión, o simples operadores iniciados, la ventaja de los conceptos llanos: es que todos entienden qué se quiere decir. Y hay pocas expresiones de índole ortodoxa que puedan equiparar aquella imagen apaisanada que encabeza la columna. Se sabe que llegó un latigazo que les dio a todos los recintos en plena cara, a lo largo de la rueda del lunes. Lo que no se sabe a ciencia cierta es el porqué del restablecimiento de la calma el martes y -tampoco- hasta dónde vienen ahora a generar terremotos, y huidas desesperadas, cuestiones que bien podían estar en la cartilla de los que se presentan como sabios analistas (como, en general, los de grandes firmas de corretajes, o administradores de carteras institucionales). ¿Qué sucedía, que no pudiera estar entre las posibilidades? La debilidad del dólar, el acecho de la inflación, el ganador en Ecuador... en verdad, lo que mejor se vino a demostrar es que los pisos de todos los mercados bursátiles -salvo alguna excepción- pueden lucir brillantes porcelanatos por arriba: pero con blandos contrapisos por debajo.
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Producir una reacción intensa, en cadena, hace unos cuantos años merecía estar detonada por situaciones proporcionalmente graves. Hoy da la impresión de un «efecto mariposa» potenciado: si alguien, o algo, bate sus alas en un punto, es capaz de generar un vendaval en muchos otros. No nos quedó claro el derrumbe del lunes, salvo buscando explicación en que los índices venían dejando utilidades interesantes y que había una nutrida superficie de los ganadores «en corto». Y, posiblemente, demasiados dando por descontado que nada iría a turbar ese camino ascendente (como el de nuestro Merval, sobre el que se tejían fechas próximas de llegada a los 2.000 puntos).
Se vive pensando en el día por día, se desechan inversiones en activos que no ofrezcan en el mismo instante sus mejores frutos. Y se escapa de los que tienen un buen potencial, pero precisan de cierto tiempo y desarrollo. Probablemente sea una modalidad que ha ido prevaleciendo en el mundo, no sólo aquí, lo que puede justificar que frente a ciertos temores súbitos no se mida al hecho en sí, sino el tamaño del salto a dar hacia la salida.
Hoy está por diluirse el mes de noviembre y están tomados de la mano los índices Merval y Bovespa, en torno de 23% hasta el martes. Bien arriba el de México, más de 37%, después el buen andar de Chile, con 28%. Y el que está por fuera de esa frecuencia de mercado regional, el Dow, que venía con buen 13%. Se verá qué se agrega, o qué se resta, en la rueda definitiva, en cierre que es todo un enigma.