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14 de diciembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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Que «los mercados no tienen memoria» y que, en definitiva, todo es un «paseo aleatorio», se está haciendo realidad una vez más y muy encima nuestro. Lo que podría agregarse, a la luz de las evidencias, es que la pérdida de memoria es más veloz de lo que podría suponerse. Incluso, se entrecruzan los temas de un antes y un después, haciendo que todo resulte presente: conviviendo las situaciones más extremas y opuestas.

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Nuevamente, debemos recurrir a nuestra propia edición, la del pasado martes, donde la tapa de Ambito mencionaba un «Festival de mercados».

Y donde lo que se relaciona con nuestros activos está siendo estrella de ascensos y más ascensos de títulos de deuda pública. Ninguna novedad, aunque sí se ha ido acentuando la tendencia por una confluencia de factores exteriores y locales. De paso, el riesgo-país se marcaba nuevamente en baja y en la misma edición se daba cuenta de una emisión del Banco Macro: donde hay un plazo de extensión de 30 años para los que toman tales activos. Dólares que llegan, problemas para el Central para esterilizarlos, radicación en bonos, suculentas diferencias (algo que se ha visto también otras veces en nuestro medio). Pero, más adentro y en un recuadro, convivía la otra información: «Amplían amplia ley de Emergencia Pública», donde se marcaba la plena intención al sancionarla: «Serviría para frenar embargos de bonistas...». El default, el canje compulsivo con el enorme desagio unilateralmente impuesto. La persistente negativa a dejar que los que quedaron afuera -porque osaron no aceptar el magro pago-no puedan reingresar por lo suyo. Todo eso, toda la enorme turbulencia generada está allí nomás, a solamente unos años del hecho mayor. Y donde todavía se continúa con los fallos judiciales y los reclamos.  


Que se sancione una «emergencia económica» y mostrando al mundo los ratios que ahora se poseen, las cuentas abundantes, simplemente para seguir boqueando a los parias del canje original: es, ciertamente, un gesto de sumo cinismo. Todavía peor que decir que no se va a pagar más nada. Y, sin embargo, allí están los operadores jugando nuevamente con bonos argentinos. Y donde, por supuesto, a ningún funcionario le importa si los que juegan son de fondos «buitre» o de razas todavía peores.

Un jugador fallido, el que mostró malas artes en la mesa y que, a poco de andar, integra el ranking de los papeles codiciados y vuelve a sentarse y dar barajas. Dijimos antes, merece repetirse siempre: si en cierto lapso algo les volviera a suceder con estos títulos, seguramente la culpa será de ellos.

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