Mejor que se vayan cuidando los operadores de la Bolsa de Shanghai, por si se viene barranca abajo el mercado y algunos no están en actividades muy pulcras. Porque los chinos no se andan con chiquitas, al momento de tener que castigar a los manos largas económicos. Hay un caso de días atrás, donde un ex director de una sucursal del Banco de Agricultura fue juzgado por la malversación de 1,5 millón de dólares, que correspondían a fondos de seguridad social.
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El lector que no sabe de la conclusión, y teniendo como parámetro muchos casos de nuestro medio, supondrá que el hombre zafó del problema con alguna pena «excarcelable», o una breve a cumplir. Le decimos que NO: este funcionario, llamado Jin Enhe, resultó condenado a muerte. Pero tiene todavía una chance. Si el condenado da muestras de arrepentimiento y buena conducta, dentro de los próximos dos años se la podrían conmutar por una condena a «prisión perpetua» (verdadera).
Por el momento, además, le fueron confiscadas todas sus pertenencias personales. Y Jin devolvió un equivalente a 250.000 dólares, antes de comenzar el juicio. También la Policía recuperó otros 200.000 dólares: pero, más de un millón se han visto diluidos, en un accionar delictivo que se produjo entre 2002 y 2006. Ante esto, lo de siempre, los que pondrán el grito en el cielo por semejante castigo («Después de todo -dirán- era apenas un millón y medio...»). Y otros, donde nos incluimos, acaso no avalen el extremo de una pena de muerte, pero que aquí hace mucho tiempo que el delito económico debía ser penalizado con la severidad necesaria y no con la blandura, en que siempre se diluyen los involucrados. Cuestión de opiniones, pero estamos más cerca de China que de la Argentina: en función de castigar los desvíos con dinero público, o de terceros. Los que piensan que la democracia -por sí sola-o la educación, que no tiene que ver con la moral, corrigen todo: no pueden avalarlo con el historial que tenemos (y hasta con varios casos del presente).
Por eso volvemos al inicio, porque lo que se ha montado sobre la Bolsa de Shanghai en estos años es una especie de quimera del oro. Y si se produce un pánico, habrá multitud de heridos y contusos: lo que, de inmediato y como sucede en todas partes, disparará una frenética búsqueda de culpables por parte del gobierno, con tal de calmar la ira de las masas.
Siempre resulta la gran diferencia, a sabiendas de que el crimen y el olvido seguirán estando en todo el mundo, el modo en que se trata, juzga y condena, a los que se atrevieron al desvío y los pescaron. Una mano en exceso blanda y que olvida que «la ley es dura, pero es la ley», hace que se animen hasta los mequetrefes: a meter mano donde no deben.
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