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26 de septiembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Siguiendo el orden natural, que rara vez se quiebra en los momentos turbulentos, el lunes debían haberse visto bajas en mercados de la región. Y a partir de copiar el signo y la dirección del que resulta el gran jefe de manada bursátil: el Dow Jones. Sin embargo, se salieron de libreto los actores de reparto -Brasil y la Argentina-generando ambos ruedas positivas y sin dudas de que lo fueran, a juzgar por lo que capturaron sus índices principales. Mientras en Wall Street debían asumir 0,4% de caída, el Bovespa se anotaba con 1,6% de aumento y el Merval con 1,10 por ciento. Demasiado bueno, y demasiado pronto, para imaginar que exista corriente escapando de los grandes centros, para ir hacia los marginales. Pero, fenómeno que no se ve a menudo merece que se le otorgue el recuadro y el comentario especial, relevante.

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Salvo los conceptos de un tragicómico Fondo Monetario, al que ahora le tocará un actor de primera (el señor que hizo una gira buscando el voto y no tuvo problemas en decir aquí lo que Kirchner quería oír), no sucedió nada importante como para que se produjera la división de aguas entre los mercados. Lo del FMI resultaba sombrío a ultranza, con pronóstico, contradiciendo expresiones de algún tiempo atrás y donde decía que la crisis inmobiliaria no produciría mayores problemas. Ahora, hablan de «procesos de ajuste que serán probablemente duraderos». Y que la difícil situación inmobiliaria en Estados Unidos tendrá un impuesto «de gran alcance en la economía mundial». (¿Pero, no era que la economía real no sería ni tocada?) Y es que la globalización trae también de estas cosas consolarse un tanto y saber que en el mundo moderno ya no es triste privilegio de los menos poderosos el tener funcionarios lamentables. Entre los comunicados de la Fed y del FMI, bien pueden pasar hasta las insólitas apariciones de un Guillermo Moreno. Y cuya última genialidad es ir a condenar a los bancos por «cartelización» ante la suba de intereses.  

Sinceramente, amigo lector, hoy en día hay que ser muy fervoroso adherente a la adrenalina del riesgo y de los mercados, para seguir participando en ellos. Estamos hundidos en problemas inverosímiles del «primer mundo», sintiendo el tableteo y las ráfagas de estupideces contradictorias, que llueven desde los centros donde tendrían que provenir las voces sapientes y claras. Entrar así a las aguas de por sí peligrosas de las aventuras bursátiles, yendo con una nave que no tiene timón y que avanza «al garete», es poder tocar costa civilizada: o que se lo coman los indios. Hoy, más que nunca, se debe apelar al propio diagnóstico de situación y automedicarse frente a lo que llaman: «turbulencias prolongadas». Porque aquéllos tienen muy poca idea de lo que pueda sucedernos. Y es así.

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