Leemos -y releemos- la carta enviada por la gente de Alpargatas y más convencidos estamos de que tendría que ser «devuelta al remitente». Tanto por parte de la CNV, como por la Bolsa de Comercio. La misiva, de inusual extensión para estos casos, culmina por donde debiera haber comenzado. Diciendo que todo lo manifestado «es solamente con propósitos informativos y no constituye, ni pueden ser interpretados como una oferta de adquisición de acciones. Ni una invitación a transferir acciones...». ¿Qué podría representar?, solamente una bomba de estruendo, capaz de originar el ruido que logró y conseguir el espacio profuso en los medios que ha insumido. En muchos años de estar en contacto con la inversión bursátil local, podemos decir que no hemos visto nada igual. Y acaso va marcando otro escalón en el descenso de nuestro mercado, casi tomado a la ligera como nunca. El desarrollo de la carta mencionada resulta una sucesión de los «siempre que...», que insumen unos ocho puntos, y donde el grupo interesado condiciona de tal modo la supuesta posterior oferta, que parece tan delicada como un mecanismo de relojería. Allí está involucrado el tipo de cambio que se registra a tal fecha, las cifras en que se halle el Merval respecto de lo actual. También la situación del precio de la acción llegado el instante de la instrumentación. Y todo se remata en que si alguna condición falla, se devolverá a los accionistas los títulos que hubieren entregado. Con la generosidad de que no habrá «cargo alguno para los accionistas». Al margen de esto, lo que ha generado también cierto desagrado entre los minoritarios, acerca de un precio bastante distinto respecto de lo pagado a otros.
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Nada de lo que allí aparece escrito se corresponde con lo habitual de estos casos, en nuestro medio. Creemos que merece que se aliente a la reflexión al grupo involucrado, con los organismos solicitando -previa devolución de este simple papel «informativo»- que arriben a una propuesta sin condicionamientos, destacando su precio y remitiéndose a las autorizaciones formales. Si una mecánica como la expuesta se deja pasar sin objeciones, habilita a que después aparezca otra que la quiere adornar con más cláusulas todavía, fruto de la imaginación de sus asesores.
Quizás, a algunos les parezca exagerado lo que decimos, más aún cuando en los medios la referencia atravesaba por el sólo asunto de la diferencia de precio, pero es que no se merece un sistema tan simple y directo como es el bursátil, que se lo complique con «creaciones» que si en algún otro país se las utiliza por aquí no pertenecen a las normas, usos y costumbres. No se puede colocar al inversor en un enjambre de supuestos y marcos a cumplirse, dejándose la oferta como «ad referendum» de aquellos que la efectúan. Típico en las inmobiliarias y sus contratos. Pero esto es una Bolsa. Y, por si no lo aprecian, tiene más de 150 años de historia.
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