Cupones bursátiles

Economía

Como a Greenspan ahora lo vienen criticando -mientras muchos otros lo piden-, de paso, le quieren achacar directamente que el enorme desastre actual estuvo originado en su política de tasas bajas a inicios de la década. La moraleja de todo esto es que: cuando en los mercados se disfruta de temporada de dinero «barato», nada bueno estará por suceder cierto tiempo más adelante. Lo que también puede encajar con otra conclusión: cuando se esté en época de controles blandos, y se deja volar la imaginación de los actores financieros sin límites muy claros, a cierto plazo nos encontraremos con un súbito temblor. De otra variedad de especie especulativa, que culmina volando y haciendo estragos por doquier.

Rienda corta, resulta el modo de cabalgar a lomo de lo financiero y bursátil. Y en especial, en la era moderna, donde se cuenta con tantas herramientas para cubrir el mundo en tiempo real. Curiosamente, muchos que ahora le quieren colgar la mochila a Greenspan, por el criticado método de haber bajado demasiado la tasa, integran las filas de los « llorones de Wall Street».


Una logia que -seguramente-con anuencia de banqueros irresponsables, y desesperados, están pidiendo cada vez más rebaje de tasas a Bernanke. Nunca satisfechos, cada vez solicitando más: hasta algunos se animaban a decir que había que dejarlas en 1% (que resulta el porcentual por el que es tan criticado Greenspan ahora). El dinero «barato» incita y alienta a desarrollar proyectos e inversiones, beneficiosos para la sociedad y con la rentabilidad necesaria para que no queden en un cesto de buenas ideas, nunca puestas en práctica. Pero también acicatea las mentes más audaces, las febriles, entrando en escena una sarta de embaucadores que arman regios programas a sabiendas de que, en un momento, todo estallará. Y la falta de los debidos controles y de normas muy precisas, y poder de policía eficaz, hace las delicias de esos desaforados que ponen en riesgo a un país, o a la economía mundial, sobre la base del apalancamiento fácil y los castigos leves.

Lo que también puede establecerse, por lo que se dice de la época de Greenspan antes, y lo que se ve de Bernanke ahora, es que los gobernantes tienen tal terror a atravesar una zona de «recesión» (que es donde se lavan de verdad los trapos sucios y ruedan cabezas culpables) que prefieren jugar con fuego al lado de la irritación de la «inflación», que someterse a tener que pagar la factura de la fiesta anterior. Probablemente, el fantasma de la Gran Crisis los visite a menudo en despachos, les erice la piel; las postales de 1929 los espanta. Y prefieren tapar todo con impresión de dólares -inflación pura-sin que el mundo sepa nunca cuántos billetes, sin respaldo, están dando vuelta.

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