Se van concentrando las visiones de renombrados personajes -columnistas-opinando acerca de la crisis en los Estados Unidos y dónde nos encontramos ahora. Pero, más allá de diagnósticos y pronósticos al respecto, el foco de atención apunta a otra realidad. Y no de las mejores.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Mientras políticos y funcionarios siguen suavizando el terreno, ya hay una actitud mediática que quiere descomprimir las presiones del ciudadano: pero, salvo rezongos esporádicos, nada se está haciendo ver en cuanto a regulaciones. Dejando ya de lado severas sanciones -bien merecidas y ganadas las tienen-sobre las que se ha tendido un gran manto de piedad mal entendida. ¿Qué resultan, inimputables, los que generaron tanta desgracia y pusieron a la economía del mundo en peligro? ¿Seguirán muchos de ellos al frente de entidades, a las que hubo que socorrer con cifras que son difíciles de retener en la mente? ¿Será así como se enseñe a los que vienen detrás y que se han formado en una escuela de codicias sin freno y donde todo vale, para hacer negocios? Sabe qué: parece que sí.
Y si los desvíos en lo económico no se penalizan debidamente, con todo lo que agreden a la salud de las inversiones, lo que habrá que pronosticar después de que esto se supere: será, cuánto tardará en llegar una nueva maquinaria que aniquile capitales y atente contra la paz mundial, a partir de una «bomba económica y financiera». Que no hace caer torres, literalmente, pero destruye a los que viven adentro hasta llevarlos a la desesperación, como se ha visto y se sigue viendo.
Y si, finalmente, esas penalizaciones no existirán: es muy posible que tampoco aparezcan los nuevos marcos, muy rígidos, para que todos se encuadren en el mundo de la banca y las finanzas. Las normas, actualizadas y siendo preservativas en función de las prácticas modernas, que impidan a los audaces y desaforados: tratar de armar imperios en una década, cuando antes debían construirse -acaso-hasta en un siglo. O la mitad. Se vive una época donde las etapas del ser humano se han acortado en mucho y se van quemando, a todo vértigo.
Y se observa no solamente en lo que hace a mercados, o intereses materiales, sino en el modo de vivir y en todos los aspectos. Y esto es el caldo de cultivo, para también tentar a que el hombre procure pactar hasta con el Diablo, con tal de alcanzar metas que antes llevaban procesos graduales y un tiempo prudencial. En lo que hace a mercados, solamente una bienvenida y fuerte regulación de las actividades, hasta la eliminación de los instrumentos más aptos para las aventuras y desvíos, podrá evitar que se vuelvan a perpetrar crisis como las que estallaron en pleno corazón de Estados Unidos, nada menos.
Tampoco se habla en firme de esto. Y vamos camino a que las heridas se emparchen y todo siga igual.
Dejá tu comentario