Más para los bancos. Salven a la banca, que las Bolsas se las aguantan solas. Y así ha sido siempre, soportando todo tipo de inclemencias, siendo el termómetro en los que todos se fijan para saber sobre la salud de las economías. Y asumiendo las terribles pérdidas, sin dejar de operar nunca.
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Y, como lo hemos comprobado del modo más notorio cuando nuestro propio sistema financiero precisó de medidas y salvatajes hace unos años, la Bolsa respondiendo a todos sus compromisos, a sus liquidaciones, sin tener que declarar ningún día de feriado forzado.
Lo destacamos desde aquí, porque no se verá remarcado en ninguna parte. Si hasta dejan la sensación de que la culpa de todo esto fue de las Bolsas y hay que salvar a los bancos, como si en vez de culpables fueran «víctimas».
Singular destino el de los mercados bursátiles, que llevan encima una especie de leyenda que se inculca a la gente y siempre resultan los centros más responsables, en el manejo de sus negocios. Ahora vemos de este rescate generalizado, de la presencia del Estado tomando acciones «preferidas» -por u$s 250.000 millones- de quienes resultan los símbolos mayores de la banca del Norte. Semejante papelón y desprestigio no puede cubrirse apelando a una inyección de fondos, que parece una «obra de caridad» del viejo Estado haciendo el papel del bobo. Insistimos en preguntarnos: ¿cuántos habrán magnificado lo suyo, con tal de participar en los repartos del salvataje? De creer a la onda expansiva que corrió por todo el mundo, en especial en Europa, no queda mucha banca seria y confiable en ninguna parte. Entidades bien administradas, seguras en sus principios, no debían haber sido contagiadas de modo tan brutal. Salvo que todos hayan participado en la orgía, de armar negocios en base a papeluchos derivados.
La participación estatal directa, en Estados Unidos, quebró con las leyes de mercado en los paneles de Wall Street: le otorgó un poder de reacción discriminado a las acciones bancarias, mientras las industriales siguen atadas a la suerte de oferta y demanda, pura y libre. En la desesperación han armado todo un revoltijo del que todavía habrá que sopesar las consecuencias, que seguirán apareciendo y pasando la factura a un complejo nudo donde enfermedad y remedios se han mezclado, sin poderse saber si los efectos «colaterales» de la intervención -a cierto plazo- no serán promotores de otro tipo de enfermedad.
El mundo del espectáculo -como ahora se percibe al mundo mediático- pasó en un golpe de péndulo, de un extremo al otro. Gente sonriente en los televisores, anunciando un día de repuntes, primeras planas. Lo que hasta el viernes parecía estar quemándose en la parrilla, reapareció el lunes como nuevo. Fascinante.