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4 de noviembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Puede que el inicio de noviembre en los mercados esté signado claramente por el aspecto político, antes que lo económico y financiero, a sabiendas de que se producirá un recambio gubernamental: justamente, en el país que es epicentro de la crisis y que resulta el rector mundial. Demasiado peso junto, capaz de barrer otras cuestiones y -al menos- en un primer momento. Lo principal para los mercados será comprobar la dimensión de los primeros impactos sobre los índices de Wall Street, a renglón seguido de conocerse el resultado electoral. Y si es cierto que cada renovación en el poder trae consigo expectativas optimistas -tal vez, más del corazón y los deseos que de lo racional-, encontrar, justamente en medio de este desastre, un cambio presidencial no resulta una carta menor. Más allá de gestiones buenas o malas, basta recorrer nuestro historial desde la vuelta a la democracia para advertir que los recambios en el poder se produjeron en zonas de plena turbulencia. Y que se generó una corriente de esperanza, en todos los órdenes, que se fue desvaneciendo con el tiempo. Si se puede creer que, más allá de distintas formas de vida, la gente de todo lugar suele reaccionar del mismo modo, ante similares circunstancias, cabe aguardar una bocanada de oxígeno frente a lo que estará decidiendo la votación en los Estados Unidos. Y como desde el centro del sistema parten las ondas expansivas a todo el mundo, esto que tenemos por delante eclipsa lo que pueda resultar factor local, o conocido en lo internacional. Después, llegará el momento de conocer qué autoridades ocuparán ciertos puestos clave. Y primeras, ineludibles, referencias a cómo se piensa sacar de la varadura a la mayor economía mundial. Allí se tendrá otra expectativa enorme, sabiéndose que un gobierno que se estrene y ante las presiones que existen: posee casi nada de margen para el error.  

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Debería resultar semana bien movida en todos los recintos, pero posiblemente con mismo signo para casi todos fijos: encolumnados en lo que dicte el Dow Jones, frente al nuevo gobierno en el Norte.

Y tan percudidos indicadores bursátiles, con terribles saldos en el año, todavía tienen casi estos dos meses completos como para cambiar resultados y hacerlo, de mínima, un poco más llevaderos. Estamos por afrontar una instancia clave, como es el tratamiento de la crisis puesto en nuevas manos. Y también alienta esto -a los que gastan desafiar los peligros mayores- a jugarse en la operatoria, antes de que sobrevengan las noticias electorales. Lo otro, lo más prudente, sería esperar y ver. Y recién sumarse, con la carta dada vuelta. Para elegir.

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