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En cambio no puede decirse lo mismo de la concurrencia a ese club de Park Avenue. A la hora de preguntar, nadie indagó sobre la corrupción que George Bush o Roberto Lavagna, por citar a dos analistas calificados de la realidad oficial, presumieron en algunos manejos del gobierno. Tampoco le preguntaron al ministro sobre la reticencia de la Argentina a seguir negociando la apertura comercial que supone el ALCA. O por las «relaciones carnales» con el venezolano Hugo Chávez. Mucho menos se interesaron por los avatares de la Cumbre de las Américas, que el gobierno de los Estados Unidos considera fracasada. Tal vez no fue por cinismo sino por prudencia que esas preguntas no se escucharon en la reunión. «¿Qué representante de una empresa norteamericana se animaría a cuestionar políticamente a un ministro con el riesgo de perder el cargo?», reflexionó, realista, uno de los acompañantes de De Vido. A él le sucedió lo que al clima, ayer, en Manhattan: se había anunciado una tormenta de nieve y hubo un sol radiante.
El principal ministro del gabinete de Kirchner intentó despejar dos problemas principales: la inflación y el reemplazo de Lavagna por Felisa Miceli. Sobre los precios juró que el gobierno no subirá la tasa de interés ni tomará medidas para enfriar la economía. Desarrolló la tesis principal del discurso K sobre el problema: no se trata de una cuestión ligada a la política monetaria. De Vido dijo, más llanamente: «Hay que terminar con las políticas que llevan la economía del freezer al microondas y del microondas al freezer». Apostó a que la inflación estará dominada porque está garantizado el superávit fiscal y se duplicarán las reservas líquidas. Nadie le preguntó, claro, si esos mismos objetivos no se consiguen de manera inflacionaria, por los niveles de emisión que demanda mantener el dólar a 3 pesos. No hacía falta: De Vido repitió, sin sentido crítico, los argumentos de Lavagna en el coloquio de IDEA. Hasta defendió que actualmente el salario real está en aumento y que eso disminuirá la conflictividad social.
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