A poco más de dos años del anuncio de la cesación de pagos, hoy el juez Griesa de Nueva York determinará si se inician los embargos a la Argentina en EE.UU. Tontamente el país dejó transcurrir demasiado tiempo: primero el gobierno de Duhalde, que, en el momento de mayor temor de inversores sobre la Argentina, no lanzó ninguna propuesta. Con la incertidumbre que reinaba, se hubieran aceptado quitas muy elevadas. Luego, Roberto Lavagna completó la demora del proceso y hoy ni siquiera puede designar un grupo de bancos que lo acompañen en la propuesta de quita de 75% en el valor nominal. Simultáneamente, fueron creciendo las apuestas de los fondos buitre. El juez Griesa hoy fallará en función de una demanda presentada por uno de esos fondos -de la familia Dart-, por u$s 700 millones. Compraron títulos a precios mínimos y apuestan a recuperar 100% de su valor. Ya lo lograron con Perú años atrás. Apuntan a trabar todos los pagos que haga al exterior el país. Y los que reciba. Giros al Fondo Monetario Internacional y a inversores extranjeros con BODEN estarán en la mira. También, las sucursales en el extranjero del Banco Nación. Lo cierto es que nunca hubo hasta hoy un intento real de acercamiento a los acreedores. Todo lo contrario: Roberto Lavagna los criticó por haber comprado bonos y no haber visto que «desde el '95 la Argentina era inviable». Hasta Aníbal Ibarra vio el momento y en 2002 renegoció con acreedores la deuda porteña. Está la sensación en el equipo económico de que se puede seguir creciendo todos los años a 8% y en default. La realidad es que, cada día que pasa, más difícil será acordar con acreedores y, sin cambio en la actitud oficial, como en los '80, las negociaciones llevarán varios años. Y la llegada de inversiones fuertes irán de la mano de esa demora.
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