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Es que tanto George W. Bush, en su última visita al país, como el saliente ministro Roberto Lavagna sostuvieron la existencia de hechos de corrupción en el gobierno argentino.
Para el capital transparente de Kirchner, estos dos hechos continuados, internos y externos, de figuras reconocidas -tal vez premonitorios de futuras situaciones- son los peores manchones que podía esperar.
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