La conformación del nuevo directorio del Banco Central entró en etapa de definiciones. Por lo pronto, de los seis puestos que se renuevan, ya hay dos con destino prácticamente asegurado: serán para el actual presidente, Alfonso Prat-Gay, y su segundo, Pedro Lacoste, quienes cuentan con el visto bueno presidencial. En cambio, no hay nada decidido aún sobre los restantes cuatro mandatos que están venciendo el 29 de setiembre próximo.
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En la disputa por estos puestos clave entraron casi todos: el presidente Néstor Kirchner, los ministros Julio De Vido y Roberto Lavagna, el Senado (que debe aprobar los pliegos) y también la actual conducción del Central. «Con Alfonso (por Prat-Gay) trabajamos muy bien y va a ser confirmado», aseguró una alta fuente del gobierno. También se respetará la continuidad del vice, Pedro Lacoste, cuyo pliego nunca fue elevado al Congreso.
En cambio, el titular del BCRA quizá no pueda designar directores adicionales. «Con Lacoste es suficiente. Pudo manejar el Banco y no precisa más», explicó un allegado a Kirchner. De todas maneras, no está clara la postura que adoptaría Prat-Gay en caso de que se le niegue la posibilidad de nombrar funcionarios, algo que anteriores titulares del BCRA han logrado.
• Decisiones
Los cuatro directores cuyos mandatos finalizan en breve son Víctor Bescos, Arturo O'Connell, Guillermo Lesniewier y Augusto Magliano. Estos dos últimos ya están despidiéndose. Magliano llegó al BCRA de la mano de los radicales en 2000 y por ende se quedó sin «padrino» desde el punto de vista político. Su tarea en el Central, agregan dentro de la institución. En el caso de Lesniewier, fue nombrado por el ex titular de la entidad Pedro Pou. Tuvo una importante actuación en la Superintendencia de Entidades Financieras y volverá a la actividad privada, de donde provenía con una trayectoria destacada en la consultora Andersen. Es cierto que las decisiones en el Banco Central son básicamente del presidente con pocas atribuciones para el directorio. Pero están en juego cargos importantes en el campo económico de seis años de duración, o sea hasta setiembre de 2010.
Arturo O'Connell está en uno de los puestos que en su momento se apuró a ocupar Lavagna. Tiene también conexiones con el kirchnerismo (por ejemplo, a través del politólogo José Nun), por lo que su continuidad no estaría descartada. Bescos, otro de los «apadrinados» por Lavagna, es el número dos en la Superintendencia de Bancos, con pocas conexiones políticas (proviene del Frepaso). El titular del Palacio de Hacienda ya le pidió a Kirchner la posibilidad de mantener estas dos sillas; a su «cosecha» también hay que sumar la de Alberto Camarasa, que permanecerá hasta 2007.
Por lo tanto, los dos puestos que restan (el de Magliano y el de Lesniewier) son los que generan la mayor apetencia política ante un recambio seguro. Las designaciones de sus reemplazantes quedarían bajo la definición directa de Kirchner, pero se mantienen en estricta reserva. Desde Casa Rosada se ocupan de descartar a Eduardo Curia.
Desde el Senado también se presiona por aumentar su participación en el directorio, ya que ahora sólo tiene a Ricardo Branda (ex senador por Formosa) e históricamente hubo dos hombres del Congreso en la institución. Como Branda, vicepresidente segundo, otros tres funcionarios se aseguran la permanencia hasta febrero de 2007. Se trata de Arturo Cafaro (el más kirchnerista de todos y uno de los pocos que conoce el trayecto del dinero de Santa Cruz girado al exterior), Jorge Levy (superintendente y ex contador personal de Eduardo Duhalde) y Alberto Camarasa, otro lavagnista y de trayectoria en organismos internacionales.
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