24 de julio 2002 - 00:00

Desafíos para el Sistema Financiero Uruguayo

El sistema financiero uruguayo aún no pudo recobrar la confianza de los ahorristas, como lo evidencia la persistente salida de depósitos. El problema se originó a fines del año 2001, en instituciones con algún tipo de vinculación con entidades o grupos económicos argentinos y que, por ende, tenían una gran exposición crediticia a empresas argentinas o a títulos públicos locales. Estos problemas puntuales fueron abordados rápidamente por el ente regulador, evitando que se propagaran a otras entidades del sistema. Sin embargo, con el agravamiento de la crisis en la Argentina, la rápida acción del Banco Central uruguayo aún no disipó la incertidumbre de los depositantes, especialmente entre los no residentes.

Las leyes tendientes a mejorar las cuentas fiscales de Uruguay sancionadas recientemente, sumado a los últimos anuncios de apoyo financiero por parte de entidades multilaterales, contribuyeron a disminuir esta incertidumbre. Asimismo, el hecho de que el gobierno uruguayo haya asegurado las necesidades de financiamiento proyectadas para el resto del año 2002 y 2003, aumenta su flexibilidad para apoyar a instituciones con problemas puntuales de iliquidez. En este sentido, se encuentra en proceso de implementación el “ondo de Fortalecimiento del Sistema Bancario”con el objeto de asistir bancos en dificultades. El monto que se destinaría a financiar este fondo podría alcanzar los US$2500 millones, que representa más del 20% de los depósitos totales del sistema y supera holgadamente el patrimonio total del conjunto de los bancos que operan en la plaza.

De todos modos, los desafíos que se presentan para el futuro del sistema financiero uruguayo son varios, ya que una vez superadas las presiones sobre la liquidez ocasionadas por la salida de depósitos, los bancos uruguayos deberán enfrentar crecientes problemas en su cartera de préstamos originados por la prolongada recesión económica y la dramática caída de las exportaciones hacia Argentina. La incertidumbre económica sobre el futuro de Brasil, el otro gran socio comercial de Uruguay, y las dificultades de las firmas uruguayas para hacer frente a sus deudas en dólares ante la creciente devaluación del peso uruguayo, también constituyen obstáculos a salvar por el sistema financiero.

En el caso uruguayo, como ocurriera en el caso argentino, es lógico suponer que la solvencia financiera de los bancos se encontrará muy ligada a la solvencia financiera del gobierno. Sin embargo, diferenciándose de su vecino, el sistema financiero ha desempeñado tradicionalmente un rol fundamental en el desarrollo económico del Uruguay, lo que le ha valido por muchos años su reputación de “efugio”para los inversores de la región. En este sentido, el accionar del gobierno uruguayo ha mostrado comprender que la supervivencia de un sistema financiero sano es una condición necesaria para poder lograr la recuperación económica de Uruguay. De este modo, es previsible que se mantenga un constante apoyo por parte de las autoridades económicas y financieras, haciendo difícil suponer un escenario similar al argentino. Pese a que los “íntomas”de la enfermedad resulten similares a los presentados por el sistema bancario argentino en las vísperas de la crisis, el claro ejemplo de “ecetas que no deben aplicarse”brindado por las autoridades argentinas, el menor tamaño relativo del sistema financiero uruguayo y el sustantivo apoyo de los organismos multilaterales dirigido al sector, hace muy difícil prever un desenlace similar al argentino para el sistema financiero.

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