ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

12 de abril 2002 - 00:00

Desde 1995, impuestazos suman $ 28.000 millones

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Desde el mismo día del lanzamiento de la convertibilidad, el 1 de abril de 1991, se sabía que la única manera en que no sólo funcionaría, sino que se evitaría una explosión de características siderales, era con disciplina fiscal canibalesca, más aún cuando ya la convertibilidad había sido lanzada con un atraso cambiario importante acumulado durante 1990 gracias a la «brillante» gestión de González Fraga al frente del BCRA.
Obviamente, la consecuencia lógica iba a ser el default y la devaluación. El primero, porque la deuda pública se iba a transformar en impagable, y la segunda, porque nadie en el exterior iba a aceptar perder sin que nosotros también lo hiciéramos.

De esta manera, las consecuencias de las políticas fiscales irresponsables que aumentan el gasto público en el medio de un «overshooting» de la recaudación primero y luego lo intentan financiar con impuestazos, como pasó en la última década, son claras y dramáticas. Lo terrible es que parece que la lección no fue aprendida por una clase política que es la principal responsable de la peor crisis de la historia argentina. Veamos.

El «sueño argentino» terminó con el efecto tequila. Nunca más desde ahí tuvimos crecimiento que luciera sostenible, aunque tampoco lo era el del período 1991-1994 porque estaba basado en el endeudamiento externo para financiar aumentos de consumo (gasto público) e inversión doméstica.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias