11 de agosto 2003 - 00:00

Desde hoy dinero para miniintentos

Carlos Menem, con Octavio Frigerio y Jesús González como ejecutores, planeaba miniemprendimientos para sustituir los "planes". Iba a combinar plantaciones de soja con transgénicos para dar trabajo y alimentar a carenciados disminuyendo el aporte en dinero. Hoy Néstor Kirchner intenta otra variante. Da poco dinero, 500, 1.000 o 2.000 pesos sin control. En realidad es otra forma de aporte a los piqueteros del Gran Buenos Aires que ya tienen planes de este tipo y quizá se logre más en el interior. Es una apuesta riesgosa a desperdiciar dinero del Estado. Las reales fuentes de trabajo en todo país moderno viene por el lado de crear empresas serias y consolidar y expandir las existentes. Pero este gobierno, insólitamente odia al mundo de las empresas. Difícil que hoy el problema del desempleo se vaya a solucionar por este camino de miniintentos.

Hoy, el gobierno presentará oficialmente el plan Manos a la Obra, en un nuevo intento de mostrar acción contra el desempleo. El programa tendrá un monto de inversión de 250 millones de pesos y apunta, básicamente, a que los beneficiarios de planes Jefas y Jefes de Hogar se empleen en actividades productivas.

Sin duda, un viejo anhelo de los últimos gobiernos que choca precisamente con la génesis de estos planes que a cambio de ninguna contraprestación otorga un subsidio de 150 pesos mensuales.

Quizás el último intento fue de la ex ministra Graciela Camaño, que implementó unos programas para que los beneficiarios se aboquen a tareas productivas o de servicios comunitarios. Pero fue un fracaso, reconocido por los entonces funcionarios, al confirmar desvíos y desmanejos en varios programas.

Ahora, el gobierno de Kirchner intenta otra cosmética y detrás de la máscara de alentar miniproyectos productivos, como por ejemplo fabricación de dulces, de pañales, o panificación, argumentarán incentivar una nueva especie: el asistencialismo productivo. El plan Manos a la Obra brindará financiamiento para estas inversiones que, por tratarse de microemprendimientos, no superarían los 3.000 pesos.

• Aspiración

El gobierno aspira a una masa crítica de 400.000 emprendimientos productivos que involucren a 20% de los beneficiarios de los planes Jefas y Jefes de Hogar.
Pondrán en marcha el
Manos a la Obra en los 500 municipios más pobres donde reside 85% de la población indigente y pobre.

Tanto la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, como su viceministro, Daniel Arroyo, reconocen que el plan despertará algunas sospechas e incertidumbre sobre su factibilidad.

En este contexto no escapa la sutil advertencia que habría recibido la ministra
Kirchner por parte de la ex primera dama Chiche Duhalde. La encargada de acercar el mensaje habría sido Graciela Camaño, quien se ocupó de comunicarle a la hermana del Presidente que en el riñón del PJ bonaerense miran con preocupación el incremento que, en sólo 60 días, habrían tenido los planes Jefas y Jefes de Hogar dispuesto por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada.

Cabe recordar que esos planes reemplazaron a los Trabajar creados durante la gestión de
Carlos Menem para paliar el desempleo y que llegaron a representar aproximadamente unos cuantos cientos de miles de beneficiarios. Estos planes fueron monitoreados por el Banco Mundial, que ayudó a financiar el subsidio que entregaba el Estado a personas que habían perdido su empleo.

• Riesgo

Continuar insistiendo con este tipo de asistencialismo en lugar de recrear una atmósfera de negocios que incentive la inversión y la creación de puestos de trabajo, conlleva también un gran riesgo para las finanzas públicas. Todas estas personas que reciben el subsidio están fuera de la cobertura de la seguridad social. O sea, no tendrán acceso a ningún beneficio previsional, ya sea jubilación o pensión. Tampoco coberturade obra social y menos de accidentes de trabajo.

El riesgo es que en el futuro el Estado deberá hacerse cargo de esta población y brindarle algún tipo de asistencia, aunque sea una jubilación mínima. Por ende, salvo que las arcas públicas estén en una excelente situación superavitaria, algo milagroso teniendo en cuenta el comportamiento del fisco en los últimos años,
no habrá más remedio que recurrir a un aumento de impuestos para financiar este potencial millonario gasto social en el futuro mediato.

Según datos del INDEC,
de los 8,7 millones de asalariados ocupados, cerca de 10% son beneficiarios de planes sociales que realizan una actividad laboral. Precisamente estas personas que reciben el subsidio no tienen seguridad social alguna.

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