Se había puesto bastante fea la cuestión en momentos en que el índice Merval hacía lecho en su mínimo de 2.171 puntos (ocasión donde retrocedía en torno de 1,5 por ciento). Observado desde el fondo de tal valle operativo, lo que quedó en el cierre de la rueda pareció casi milagroso.
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Porque pudo el indicador ponderado retirarse de la fecha prácticamente sin herida alguna, fijando nuevamente su marca en la centena recién inaugurada y con 2.203 unidades. Esto reflejó apenas 0,12% de retroceso que se puede considerar como desechable.
Desde el exterior no venían señales positivas, entre los dimes y diretes de la Reserva Federal, ciertas dudas que quedaron planteadas y un Dow finalizando con 0,38% de rebaja. El Bovespa culminó su carnaval y reinició con muy leve mejoría, de 0,6%. Sólo el petróleo daba la nota discordante, de un día sumamente apagado y con escarceos que lo devolvían a zona de u$s 60 el barril. Se percibió esto con Petrobras, de lo mejor de la fecha con su 1,8% de alza. Pero Tenaris no se dio por enterada y siguió durmiendo su larga siesta, restándole el índice en vez de sumar y con descenso de 0,5 por ciento.
Muy dinámico
Resultó un desarrollo bien ágil, con plazas líquidas, hasta concretar buen volumen de $ 86 millones de efectivo. Esta vez, con mucha participación vendedora en diversas plazas. Balances llegados no crearon euforias, el de Acíndar trajo más bien desencanto -sin confirmar lo que se voceaba-y dando 2% de caída al papel. Grupo Galicia y Macro aportaron signo contrario, costando hallar una línea de resistencia para el índice que le permitiera salir del pozo y hasta suturar toda la baja ( esperemos que no ande Moreno metiendo mano en el Merval, tan desesperado en hacer alquimias). En síntesis, una fecha donde acciones y bonos fueron débiles, las cauciones ocuparon gran lugar -$ 151 millones- y el «empate» final debe considerarse triunfo, de milagro. La Bolsa, rezaba.
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