Periodista: La Bolsa compra la idea del aterrizaje suave, la mitad de los economistas sigue pensando que habrá una recesión. El Fondo Monetario revisa sus proyecciones hacia arriba y se aleja de una visión sombría, pero ve peligros. La confianza del consumidor en EE.UU. repunta a un máximo de dos años. ¿Quién tiene razón?
Gordon Gekko: La Bolsa anticipa, pero no es infalible. La recesión fue lo primero que compró la Bolsa. De ahí, el mercado bear del año pasado. Hizo tiempo, no ocurrió, y cambió de opinión. Antes que el consenso de los economistas y que el FMI, que son más bien indicadores rezagados y se acoplaron con demora (y con más evidencia) como cabía esperar.
P.: El tiempo les está dando la razón. Pero es un partido que no terminó.
G.G.: En algún momento habrá una recesión. La que predijo The Conference Board, usando la canasta de indicadores líderes, debía comenzar en el segundo trimestre y faltó olímpicamente a la cita.
P.: Pero el pronóstico persiste. No se canceló.
G.G.: Así es. Se lo postergó. No pida tampoco que le digan la hora exacta. Como consuelo se puede decir que el tercer trimestre se inició con paso más dubitativo.
P.: Algunos observadores tiran la toalla y cambian de posición. Hay otros más tozudos que prefieren persistir en el error antes que reconocerlo y enmendarlo. ¿Con quiénes estamos lidiando?
G.G.: El único error comprobado es el timing. Lo demás está por verse. La Bolsa se reserva siempre el derecho de mudar de opinión sin preaviso y de manera diametral. Y eso hizo. La cesta líder hace quince meses que cae sin excepción. No es nada personal. Computa diez variables de la economía y las finanzas y verifica su variación mensual. Detecta una retracción tenaz que no afloja. En el pasado, con estos números y a esta altura, la recesión era un hecho. No se la puede culpar de intransigencia.
P.: Puede fallar.
G.G.: Sí. Es inusual. Pero falló en 1967. Como también la curva de bonos que se invirtió y anticipó, incorrectamente, la misma recesión que no aconteció.
P.: El partido no solo no terminó. Puede complicarse.
G.G.: Sí. Yo no pasaría estas señales por alto. Como tampoco, el mercado bear de la Bolsa de 2022, que fue el año que vivimos en peligro. La suba vertical de tasas de interés fue digna del mejor Paul Volcker. Una recesión era el escenario más probable (y le diría que hasta con el diario del lunes).
P.: Pero usted favorece la tesis del aterrizaje suave. No sé si lo entiendo bien.
G.G.: Estamos en pleno proceso de aterrizaje. La inflación, la actividad económica, el empleo. Todo desciende desde niveles muy altos que había que aplacar. En pleno vuelo, además, sufrimos el shock de la guerra en Ucrania y su correlato de shock de las materias primas. Nunca estuvimos más cerca de una colisión que cuando la Fed debió despachar cuatro subas de tasa consecutivas de tres cuartos de punto. Por fortuna la inflación del segundo semestre del año pasado respondió muy bien y el cuerpo aguantó. En ese sentido, no hay dudas sobre la suavidad del aterrizaje. Pero todavía hay que carretear hasta llegar a la estación terminal. Y los peligros subsisten. Esa es la señal de alerta muy útil que nos dan la curva de rendimientos y la canasta líder.
P.: En ese marco, la Fed concluye su reunión mañana (por hoy) y nos despachará otra suba de tasas de un cuarto de punto. ¿No teme frustrar el aterrizaje?
G.G.: No. Nadie la obliga. Y menos después de la inflación de 3% de junio que ha hecho florecer quizás más optimismo que el debido. No, la Fed sube la tasa para facilitar el éxito del aterrizaje. Lo hace para evitar futuras complicaciones, no para crearlas ahora. Por eso se mueve con pasos cortos y muy anunciados de antemano.
P.: Los mercados descuentan la decisión, pero igual subieron hoy todas sus tasas, desde las más cortas hasta la de 30 años. ¿Se viene una Fed más áspera?¿Temen que Powell les dé una sorpresa desagradable?
G.G.: Son 8 puntos base de aversión al riesgo a 2 años. Y menos de la mitad a 10. O sea, la razón es la Fed. ¿Será más feroz? No. Pero tiene que mantener viva la promesa de una segunda suba de tasa. Su discurso puede ser más duro. No más que eso.
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