Diálogos en Wall Street
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La Bolsa no pierde la fe a pesar de los furcios de Trump
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El petróleo volvió a subir y el Brent trepó a u$s111,43 por la tensión en Medio Oriente
Gordon Gekko: Son tiempos de descubrimiento. Quiero decir, todos los días hay un escándalo contable nuevo. Estaba escrito que después de la fiebre por la Nueva Economía, nos iba a tocar lidiar con las viscosidades de la Nueva Contabilidad.
P.: Vivimos con un almanaque de escándalos a mano. Como si fuera la publicación regular de los indicadores económicos.
G.G.: Así es. Es una procesión. Con todos sus ingredientes: la cruz, los vicios y los pecadores. Compañía en que estalla una corrección contable, acción que se destruye. Es una regla de penitencia severa pero muy simple.
P.: Comprar acciones bajo este contexto es como jugar con fuego.
G.G.: Es pisar en terreno minado. Usted no sabe si bajo una apariencia tentadora no está incorporando una granada en su portafolio.
P.: De ahí el temor de los inversores...
G.G.: ¿Se acuerda cuando Wall Street se regía por la gloriosa máxima de que «toda baja es una oportunidad de compra»?
P.: Cómo no...
P.: ¿Cuál es la exhortación que siguen hoy los inversores?
G.G.: Un cartel enorme que dice «no tocar». Sin dudas.
P.: El dinero se repliega.
G.G.: Como siempre ocurre. Los volúmenes tienden a seguir a los precios. La liquidez se retrae, disminuye el interés, se despueblan los clubes de inversión. La fauna de «day traders» -esa pintoresca especie que internet no creó pero sí ayudó a multiplicar como nunca antes- entró en extinción.
P.: Los flujos a los fondos comunes de Bolsa, imagino, habrán retrocedido.
G.G.: Imagina bien. Echele un vistazo a los últimos datos disponibles. En una semana en que los fondos comunes de acciones sufrieron una emigración neta de 3.200 millones de dólares, los modestos fondos de money market se las arreglaron para capturar 24.800 millones.
P.: Liquidez hay, pero no ánimo para arriesgarla en la Bolsa. Es, más bien, un camino de acciones a plazos fijos.
G.G.: Tenga presente que aquí nadie sabe lo que es un «corralito». La mera idea no cabe en la mente de nadie.
P.: Las tasas de interés son muy bajas. ¿Cuánto tiempo el inversor resistirá la tentación? P
G.G.: En estos tiempos, y ya llevamos un par de años, cada vez que el inversor metió los dedos, la Bolsa se los machucó. Es un proceso de cambio en los reflejos condicionados. Un tanto cruel. Sí. Pero digamos que la tentación de perder dinero es un hábito que se debería curar rápido.
P.: ¿Hay otras alternativas aparte de estacionar el dinero a una tasa de 1,5%?
G.G.: Como ya dijimos, se lo puede perder a mayor velocidad. Si no le molesta conservarlo, se puede buscar nichos en la Bolsa. Minería, negocios inmobiliarios y acero han concitado mucha atención. Defensa, sin dudas, fue la «vedette» en la segunda mitad de 2001 y puede volver por sus fueros si el presidente Bush concreta su amenaza de represalia militar contra Irak.
P.: Uno escucha múltiples referencias sobre acciones de oro. Y sobre los negocios de construcción y propiedades. ¿Tienen sentido?
G.G.: Mucho más sentido con los precios de hace seis meses que con los actuales. Las acciones de metales preciosos subieron 43% desde comienzos de año. Tiene diez compañías que cotizan en Estados Unidos que multiplicaron su cotización por cuatro desde fin de diciembre. Los papeles de minería subieron 41%. Es un furioso bull market (mercado alcista) dentro del mercado bear (bajista) general.
P.: Pero ya esas acciones subieron demasiado.
G.G.: No están baratas. El ratio precio/ganancias de las acciones de metales preciosos es 62 y el de las acciones mineras trepa a 80.
P.: ¿Pueden subir más?
P.: ¿Y qué hay del negocio inmobiliario?
G.G.: Está firme. Ha habido flujos persistentes a los fondos inmobiliarios todas y cada una de las ultimas once semanas. Sin excepción. Es sabido que la recesión esquivó al mercado inmobiliario y los precios se han sostenido y aun han seguido subiendo. Las tasas de hipoteca están de nuevo a un tris de su nivel más bajo (en 6,40%) y eso ayuda. Préndale una vela a la economía. Es obvio que si la Bolsa arrastra a la economía en su retroceso, esta fiesta tiene demasiados invitados.
P.: ¿Cree que Bush logrará que Wall Street recobre la confianza en las compañías?
G.G.: Nadie puede creer eso. Una limpieza será bienvenida, pero si el trabajo se hace a conciencia habrá que digerir entonces una buena seguidilla de escándalos. Creo que es más efectivo seguir los pasos de Coca-Cola. Ya han dicho que van a mandar a resultados el impacto de sus programas de pagos de remuneraciones vía opciones. Esa es la manera inteligente de actuar: esto es fabricar una «credencial» girando el foco de atención de lo que puede estar mal hacia lo que se comienza a hacer bien.



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