Diálogos de Wall Street
Hay un tema excluyente: la baja en Wall Street por los escándalos financieros de gigantes empresarios y las malas perspectivas de la economía. Un operador de la Bolsa de Nueva York que se identifica con el seudónimo de Gordon Gekko -el personaje de la película "Wall Street"- analiza este difícil momento.)
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P.: Aun así, sus palabras no tienen el impacto de antaño.
P.: Necesita refuerzos. Que no todo descanse sobre sus espaldas.
G.G.: En el pasado -y sin rozar ni un atisbo de sospecha sobre su autonomía-Greenspan hizo un brillante tándem con el Tesoro. Las políticas de superávit fiscal, de un dólar fuerte, le concedían un mayor grado de libertad para actuar...
P.: No es lo mismo el actual secretario del Tesoro O'Neill que Rubin...
G.G.: Desde ya. Ni, dado que viene a cuento, tampoco Bush que Clinton.
P.: A eso me refería. Tenemos un Olimpo muy devaluado...
G.G.: Pero no todo se resume en un balance de personalidades. La verdad es que los que se alejaron, lo hicieron con un «tempo» excelente. Antes de la recesión, antes que la fiesta de Wall Street tocara a su fin.
P.: ¿Una prueba más de su talento?
G.G.: No sé si tanto. Piense que también se retiraron antes de que las Torres Gemelas fueran escombros.
P.: No cabe duda que hoy atravesamos tiempos más difíciles.
G.G.: Ante todo. No cambió Greenspan, por ejemplo, pero sí cambió el mundo. Cómo se lo percibe. Y lo hizo para peor. El presente era brillante en los '90, pero el futuro era aún mejor. Ese fue el axioma en el que Wall Street creyó ciegamente. Aun a pesar de Greenspan...
P.: Se refiere a su famosa advertencia sobre la «exuberancia irracional» que imperaba en la Bolsa...
G.G.: Claro. Esa fe ciega trocó en una terrible desconfianza. El mundo dejó de ser seguro, previsible. Lo único seguro es que habrá un nuevo atentado. Eso dijo en su momento el vicepresidente Dick Cheney. Define bien, a mi juicio, el espíritu de estos tiempos.
P.: Es una mudanza enorme.
G.G.: Así es. Hoy domina el temor. Un temor visceral; antes desconocido. El mundo está lleno de trampas. Si no las puso Bin Laden, las habrá colocado Arthur Andersen. Infundir confianza en estas condiciones se hace cuesta arriba.
P.: Greenspan estuvo en el Congreso ¿Cuál fue su mensaje?
G.G.: Siempre que llueve --y más cuando se inunda-Greenspan habla del sol. No se apartó de esa línea. Fue un mensaje destinado a levantar los ánimos. Muy profesional, como de costumbre.
P.: «La economía está firme» y todo lo demás...
G.G.: En verdad lo está. La recuperación ya ha comenzado, dijo. Y también coincido. Hay suficiente evidencia a mano.
P.: Cómo toma el comportamiento esquivo de las Bolsas?
G.G.: Como una amenaza. Desde ya. Pero recuerde que la recesión de 2001 resultó tenue pese a que la debacle del NASDAQ tuvo ribetes de catástrofe.
P.: Los sacudones no han cesado...
G.G.: Es un terreno muy resbaladizo. De acuerdo. Y es obvio que la Fed tiene más recelo que el que va a reconocer en público. Pero el mensaje es que no va a mover un ápice la política monetaria. A pesar de las turbulencias en Wall Street. Decisión que me parece inteligente.
P.: Había quien especulaba con una baja de tasas de interés.
G.G.: Correcto. Inclusive, los futuros de Fed Funds habían comenzado a incorporar esa previsión en sus precios.
P.: ¿Cree que Greenspan le cerró las puertas a un recorte? Digamos para la próxima reunión de la Fed.
G.G.: Sí. Mi impresión es que tendría que suceder una hecatombe para que Greenspan decida tomar el camino de una baja de tasas. Y pongo el énfasis en «hecatombe».
P.: ¿Por qué?
P.: No sé si lo entiendo.
P.: Comprendo.
P.: No hay margen para el estímulo monetario.
G.G.: Hay un margen de acción. Pero sin tocar las tasas de corto plazo. La política monetaria puede resultar expansiva en la medida que crezcan los agregados y el crédito. La baja del dólar está proveyendo estímulo. La clave reside en el comportamiento de las tasas de media-no y largo plazo. Una suba de esas tasas resultaría letal, no tanto para el consumo como para el mercado inmobiliario. Creo que ese es el jardín que Greenspan quiere cuidar. El hará su trabajo; esperemos que O'Neill y las cuentas de la Tesorería no lo estropeen...




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