30 de agosto 2002 - 00:00

Diálogos de Wall Street

(El periodista dialoga con un destacado operador de la Bolsa neoyorquina -personificado en Gordon Gekko, el protagonista de la película "Wall Street"- sobre la fuerte reacción alcista que tuvieron las acciones estadounidenses en las últimas semanas. Veamos.)

PERIODISTA: A fines de julio la Bolsa se balanceaba al borde del abismo. No faltó quien sugiriera que la Fed debía cortar urgente las tasas de interés. Pero ni la Fed intervino ni la Bolsa se desbarrancó...

Gordon Gekko:
Más bien las acciones treparon, de la nada, casi 20%.

P.: Cómo entender este «carrusel» de emociones?


G.G.:
Estamos en un mercado «bear», con clara tendencia a la baja. Todo sugiere que estaremos atrapados en él por un buen tiempo. Así se entiende mejor lo que pasa. El 23 de julio los mercados instalaron un nuevo piso, el Dow, por citar un ejemplo, fugazmente, perforó los 7.500 puntos.

P.: Cuando los mercados reabrieron luego del atentado de las Torres Gemelas, el Dow Jones cayó pero no quebró los 8.000 puntos
.

G.G.:
Correcto. No hizo falta volar nada esta vez para superar esa marca. Ese es el dato de peso.

P.: La recuperación posterior -un rally de 20%-. ¿No cuenta? Después de todo el Dow volvió a estabilizarse bien por encima de los 8.000 puntos...


G.G.:
Cuenta. Calma los nervios, por cierto. Nadie pide hoy que venga la ambulancia de la Fed. Pero sucede que en los mercados bajistas las subas suelen ser de este tipo. Son vibrantes, rápidas y muy pronunciadas. No se olvide que hay posiciones récord de acciones que son primero tomadas en préstamo y luego vendidas.

P.: O sea, vendidas en descubierto.


G.G.:
Así es. Estas posiciones cortas alimentan aun más el vigor de los repuntes.

P.: Cuando los vendedores deciden recomprarlas...


G.G.:
Tal cual. No es fácil conciliar el sueño sabiendo que la Bolsa se dispara y uno debe acciones.

P.: Con todo, usted cree que la tendencia subyacente en la Bolsa apunta a la baja...


G.G.:
Eso creo, sí.

P.: ¿Cuánto deberían subir las acciones para que cambie de opinión?


G.G.:
Buena pregunta. Volvamos a setiembre 2001. Luego de los atentados. El Dow hizo pie en 8.000 puntos. Y se recuperó con fuerza. Y no fue un único rally. Desplegó una sucesión de subas que lo llevó en marzo a los 10.700 puntos. Uno desconfía de un movimiento subrepticio pero mucho menos de un dibujo que se enhebra a lo largo de seis meses. Con sus lógicas idas y vueltas, y que sobrevive a cada toma de ganancias...

P.:Y, sin embargo, probó ser una falsa señal...


G.G.:
Ya ve. Para julio toda esa construcción -2.700 puntos de suba-se había esfumado. Como dijimos, el mercado peleaba con nuevos mínimos 500 puntos por debajo del «piso» de septiembre 2001 y, para peor, con una economía que efectivamente había zafado de la recesión.

P.: Peor sería con recesión.

G.G.: Claro. Pero no bastó con esquivar la gran recesión que todo el mundo preveía luego de los atentados y que nunca ocurrió. No es poca cosa y, sin embargo, no alcanzó para torcer el rumbo.

P.: Uno recuerda la pujanza de Wall Street en los noventa y no puede menos que sentir nostalgia. ¿Cuánto tiene que ver el cambio de actitud de los inversores ahora que no todo es soplar y hacer botellas?


G.G.:
Un mercado bajista es como echar ácido en el espíritu de los inversores. El contraste con los noventa no puede ser más marcado. Con cada «rally» que prueba ser una trampa -cada vez que se muerde el anzuelo-la corrosión se hace más evidente. En setiembre del año pasado, el mes de los atentados, 30 mil millones de dólares emigraron en forma neta de los fondos comunes que invierten en acciones. Fue un récord. Esta vez, en julio, la salida trepó a 49 mil millones... En los noventa, los fondos comunes de acción eran un imán que captaba nuevas inversiones, mes tras mes, invariablemente...

P.: ¿Alcanzará con que la Fed rebaje la tasa corta a 1% -como varios vaticinan-para dar vuelta la página?


G.G.:
Creo que no. Sinceramente. Más bien es otra una muestra de debilidad. A esta altura es depender de un caballito de madera para ganar en las carreras.

P.: ¿Y qué papel juegan las preocupaciones sobre la seguridad? La amenaza de una guerra contra Irak... ¿No es éste un factor negativo y de mucho peso?


G.G.:
Concuerdo. Totalmente. Si yo fuera un inversor en acciones y pudiera pedir un deseo, no dudaría en empezar por este punto. Dejaría la economía y la baja de tasas para después.

P.: Se ha dicho que inversores sauditas retiraron 200 mil millones de los EE.UU. por temor a represalias o embargos. ¿Qué hay de cierto?


G.G.:
No hay una estadística oficial. Pero la versión tiene todos los visos de verosimilitud que uno pueda requerir, más allá de una eventual imprecisión en el monto.

P.: ¿Esto explicaría la debilidad que exhibió el dólar en los últimos tiempos?


G.G.:
En principio se puede cambiar la jurisdicción de los portafolios sin necesidad de alterar su composición. La decisión de cambiar de moneda debería ser una decisión independiente.

P.: ¿Esos fondos adónde se dirigen?


G.G.:
Uno pensaría que, en gran medida, a Europa. Un país neutral como Suiza parece hecho a medida para calmar este tipo de intranquilidad. No extrañaría tampoco que hubiera un derrame sobre la banca tradicional del Líbano. Ese es terreno amigable.

P.: ¿ Se podrá evitar la guerra contra Irak? Quizás si Hussein acepta el regreso de los inspectores de Naciones Unidas...


G.G.:
Esa es la posición de Europa. Pero esto no es la Guerra del Golfo del '91. Se advirtió en Afganistán. Ahora Estados Unidos no comparte el timón. Y la impresión es que Bush ya ha tomado la decisión... De hecho el petróleo que valía menos de 20 dólares a fin del año pasado, ahora orilla los 30. Hay una «prima de guerra» incorporada -instalada por el propio discurso de Bush-que resulta muy gravosa para la economía norteamericana y que, sin embargo, se paga sin chistar.

Dejá tu comentario

Te puede interesar