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Uno de los resultados de estas rondas de negocios fue el pedido concreto de 8.000 toneladas de carne bovina; 20.000 toneladas de leche en polvo y de aceite de soja y girasol, además de 12.000 toneladas de pollos, exportaciones que representarían unos 100 millones de dólares en el primer semestre de 2006. Las dudas son si se podrá cumplir con estos pedidos. Algunos en el gobierno, no muy de acuerdo con la decisión, sostienen que la suba de las retenciones logrará que algunos productores prefieran pasarse a la soja donde el retorno de la inversión es a los 6 meses y no deben esperar un año y medio.
También argumentan que esta medida no necesariamente repercutirá en una baja en los precios. Explican que el precio del ganado vivo se ubica en promedio en torno a los 3 pesos y al mostrador llega a 8, porque la cadena de comercialización va elevando el precio. «Es ahí donde hay que atacar», dicen.
Rescatan del paquete de medidas anunciadas por Lavagna los incentivos para sembrar pastura y las medidas vinculadas a la genética animal, pero creen que, en definitiva, por más que se los penalice incluso limitándoles las exportaciones de la Cuota Hilton, los precios continuarán sin mostrar bajas.
Los acuerdos con este sector fracasaron, recuerdan y enfatizan la necesidad de dotar al productor de un horizonte de mediano plazo.
Los productores son conscientes de que habrá una fuerte demanda por la salida de Brasil como exportador por la fiebre aftosa y por el consumo interno que continúa en alza: ya alcanzó los 77 kilos per cápita.
Los acuerdos sectoriales son difíciles de cumplir porque, comentan, este producto se comercializa vía las carnicerías; los grandes supermercados sólo venden 10%. Según esta visión, el castigo de una suba de 10 puntos en las retenciones, sólo logrará desmotivar la inversión en este sector reemplazando nuevamente el ganado por soja, como ocurrió durante gran parte de la década del noventa.
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