19 de noviembre 2001 - 00:00

Documento de unidad acentúa la división entre empresarios

El documento empresario llamando a la unidad terminó generando una mayor división en el sector. La Unión Industrial, la construcción y Confederaciones Rurales Argentinas decidieron no unirse a la convocatoria, aduciendo que no se contemplaban temas como la caída en la competitividad y la redistribución del ingreso. Del otro lado les respondieron que se trataba de elaborar una plataforma amplia, para avanzar luego en los temas puntuales. Pero la clave sería el insólito pedido de la UIA de incluir entre los firmantes a los "gordos" de la CGT.

Lo que debía ser un documento de unidad se convirtió en una nueva cuña en el proceso de división que atraviesa el sector empresario argentino. Ayer, diferentes entidades que agrupan a los empresarios argentinos realizaron un «urgente llamado a la reflexión» al Gobierno y la oposición, para alcanzar «un pacto nacional» destinado a superar la crisis económica.

Sin embargo, no todos suscribieron el llamamiento: por razones que ambas partes trataron de explicar -entre las cuales, inesperadamente, tiene un rol la CGT-un amplio sector declinó sumarse al llamamiento al consenso.

En una solicitada que se publica en la página 7 de esta edición, los empresarios reiteran el argumento de que ha sido el desmadre del gasto público lo que ha llevado al país a su crisis actual. «El Estado nacional, las provincias y los municipios, cuyo nivel de gasto ha crecido significativamente en los últimos años, son los principales responsables de que nuestro país, en lugar de crecer, haya comenzado a retroceder». El documento está suscripto por la Asociación de Bancos de Argentina (ABA), la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Cámara Argentina de Supermercados (CAS), la de Shopping Centers (CASC), la Coordinadora de Productos Alimenticios (COPAL), la Sociedad Rural Argentina, el Instituto para el Desarrollo Argentino (IDEA) y la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), entre otras.

Pero el planteo no contó con el apoyo de algunas de las principales entidades empresariales: la UIA (Unión Industrial Argentina), la Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Federación Agraria Argentina, la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) y el denominado Grupo Productivo.

Según versiones, el titular de ABA, desde el sector que elaboró el documento se comunicaron con directivos de la UIA para tratar de incluirlos entre los firmantes del documento. Del otro lado, la respuesta (evidenciada por la falta de sus rúbricas en el «paper») fue negativa: «No están los que nosotros consideramos los ejes de la discusión: la caída en la competitividad argentina frente a Brasil, el costo de las tarifas y los servicios financieros, la necesidad de aranceles y reintegros para volver a poner en marcha la industria nacional. Además, en el documento no hay ninguna mención a una posible redistribución de la riqueza o al aliento del consumo interno», dijeron fuentes de los «no firmantes.

La respuesta indignó a «los firmantes»: «Estamos tratando de establecer una plataforma de mínima, a la que podamos sumarnos todos. ¿Qué sentido tiene marcar las diferencias? Además, ¿qué quieren decir cuando hablan de 'redistribución de la riqueza'? Es poco serio...»

Fricción

Los interlocutores habrían sido de un lado Manuel Sacerdote (BankBoston) y del otro José Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA, y Guillermo Gotelli, organizador de la Conferencia Industrial que arranca el martes y se prolonga hasta el jueves. Sin embargo, este diario pudo saber que uno de los puntos que habría provocado el quiebre entre firmantes y no firmantes del documento habría sido el pedido de la UIA en el sentido de incluir a los «gordos» de la CGT entre los convocados a suscribir la solicitada. «Ahí no hubo acuerdo posible», dijo la fuente de los firmantes. De hecho Hugo Moyano, titular de la central sindical, es uno de los invitados a una de las mesas redondas de la conferencia, que compartirá -curiosa mezcla-con Eduardo Escasany, Darío Alessandro, Enrique Olivera y Antonio Cafiero. El tema: «Cómo se construye un consenso».

Lo cierto es que hubo intensas negociaciones de último momento hasta la madrugada del sábado entre directivos de las dos partes, con el resultado conocido. «Hasta el viernes firmaban», dijo con cierto asombro un alto dirigente de los firmantes, ante la negativa final del otro grupo.

Así fue que la redacción final reclama el mantenimiento del
déficit cero y la convertibilidad, la disminución del «gasto público improductivo», la reducción «inmediata» del costo de la política, una mejor administración del «gasto social» junto con un aumento de las partidas destinadas a este rubro y un «ataque frontal a la evasión fiscal».

«No puede ser que se siga hablando sólo del gasto público como único responsable de la crisis argentina»
, dijo De Mendiguren a este diario. «Además, hay que sumar a más gente a la foto que queremos presentar al exterior, porque siempre somos los mismos». Coincidió con él Osvaldo Cornide, titular de CAME (Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias), quien afirmó que «los firmantes del documento no tienen representatividad ni autoridad en lo que hace a mano de obra: no emplean a más de 15% de la mano de obra argentina».

De Mendiguren
insistió con la necesidad de «debatir un proyecto nacional», para lograr «que nos crean tanto en el país como en el exterior. Tenemos que buscar consensos entre sectores que piensan diferente».

Desde «el otro lado» José María Simone, presidente de la ACDE, se felicitó de que el documento uniera «a organizaciones que no siempre actúan juntas, lo que marca que la complejidad de la situación requiere una amplísima unidad». El banquero dijo que «sin confianza interna y externa no hay crecimiento», y agregó que «no vemos un escenario apocalíptico, pero sí creemos que de no producirse la unidad que reclamamos será cada vez más difícil encontrar las soluciones para salir de la crisis».

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