Documentos desnudan el doble juego de Lula
Los diplomáticos argentinos comenzaron a preparar la cumbre-aniversario del Mercosur que se realizará en Iguazú en los próximos días, a la luz del final de la cumbre presidencial de Mar del Plata. El primer entuerto que deberán resolver es la diferencia que existe entre la posición sobre el ALCA que manifestó el presidente brasileño Lula da Silva en Mar del Plata, donde se alineó calladamente con la posición argentina de rechazar por ahora su creación, y la que manifestó 24 horas más tarde cuando se reunió con George Bush en Brasilia. El Lula «duro» de la primera reunión se convirtió en un «blando», quizás a cambio de quedarse con un liderazgo regional y, además, de algunas concesiones de Washington. Veamos qué hizo en una y en otra oportunidad.
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Luiz Inácio Lula da Silva
«Como presidentes del proceso del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), los presidentes señalaron la importancia de continuar los esfuerzos para promover la liberalización del comercio y reafirmaron su compromiso al proceso de ALCA, basándose en el marco de Miami, y esperan con interés una reunión hemisférica para reanudar prontamente las negociaciones. También señalaron que los esfuerzos hacia la integración en América del Sur, como el Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones, son herramientas importantes para la promoción de la prosperidad, la estabilidad y la democracia en la región. Del mismo modo, señalaron que los lazos más estrechos entre los países de Sudamérica también contribuyen al objetivo de la integración regional en América latina y el continente en general.»
• El cierto que no hay testimonio alguno de que los delegados de Brasil, Lula o su canciller, Celso Amorim, se destacasen por argumentar con fuerza contra el ALCA. Pero tampoco lo hay de que se despegasen del grupo Mercosur-Venezuela, aun en el momento cuando Kirchner acusó al premier del Canadá de «patotearlo» porque pedía incluir el ALCA en el documento cuando el tema no figuraba expresamente en el orden del día de la cumbre. Tampoco cuando Rafael Bielsa amenazó con levantar la delegación argentina y dejar la cumbre sin documento final, algo que remedió el presidente de Colombia, Alvaro Uribe. Este mandatario pidió calma e hizo reflexionar a todos sobre el bochorno que hubiera implicado admitir en público que no eran capaces de acordar una mera declaración.
• Es fácil presumir a qué obedece el cambio de posición de ese Lula con tan bajo perfil en Mar del Plata. Esperaba el protagonismo de Brasilia cuando recibiera a Bush, quien lo reconoció como su par en el liderazgo de las dos democracias más grandes del Hemisferio Occidental. Tampoco iba Lula nunca a alinearse junto a México, país que le disputa históricamente el liderazgo continental al Brasil y, en consecuencia, la interlocución con Estados Unidos y el resto del mundo.
• Kirchner tomó conocimiento ayer de esta dualidad de Lula, amigo estrecho aunque callado en Mar del Plata en la pelea con Estados Unidos pero abrazado a Bush 24 horas más tarde. También se enteró de algunas concesiones odiosas a su gobierno que le hizo Bush a Lula en el documento final. Una está en el mismo punto 8 de la declaración conjunta y es el reconocimiento que hace Washington de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) como un organismo con «chapa» en paridad con el Mercosur. Ese pergeño de la CSN lo hizo Lula con la ayuda de Eduardo Duhalde como secretario del Mercosur. Kirchner ha ignorado la existencia de esa «comunidad» que cree es un sello paralelo que usa Brasil -con la asistencia de Duhalde para lograr amigos por fuera del Mercosur (cuya carta orgánica es muy exigente para incorporar nuevos miembros, empezando por una modificación del tratado que requiere aprobación legislativa en los cuatro países).
• Una segunda concesión que le hizo Bush al Brasil está en el punto 2 de la declaración conocida el domingo en Brasilia, cuando dice:
«Se comprometieron a coordinar estrechamente el asunto de la reforma del Consejo de Seguridad, que acordaron era un componente importante de la reforma.»
Esta frase es música para los oídos de Lula, porque es el relanzamiento de la campaña que lleva adelante desde que asumió para lograr que su país tenga una silla permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Este proyecto ha sido resistido con éxito por la Argentina y otros países, como lo demostró la última Cumbre del Milenio que reunió a los presidentes de todo el mundo y sepultó la idea que ahora parece renacer en Brasilia.



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