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24 de septiembre 2002 - 00:00

El acuerdo con el FMI es irrelevante

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La Argentina está en la peor crisis de su historia. Nunca antes estuvimos peor porque nunca antes en democracia la clase política fue tan repudiada por la gente como hoy. Nunca tuvimos la mitad de la fuerza laboral con problemas de empleo. Nunca antes más de la mitad de los ciudadanos argentinos fueron pobres. Nunca estuvimos al mismo tiempo aislados del mundo, sin bancos, sin crédito, sin fondos de pensión, con todos los contratos privados destrozados y con las empresas fundidas como moscas. Nunca antes la emigración y el deseo de irse del país de la gente fue tan fuerte como ahora.



A la peor crisis de la historia llegamos por culpa de muchas décadas de mala praxis política, educativa y de técnica macroeconómica. En materia política nos hemos sabido dar una elite de dirigentes que son de terror. Salvo excepciones contadas con los dedos de la mano, el que hace (por algún tiempo), roba y el que no la pega con lo que hay que hacer, también roba. La respuesta a ello es que tenemos que hacer una profunda reforma política que reduzca a una cantidad mínima el número de políticos en todo el país (por ejemplo: una cámara de diputados nacionales con 80 miembros y una de senadores nacionales con 24) y que además reúnan condiciones meritocráticas. Además, al poder tienen que llegar las mejores personas en calidad humana, ética y capacidad técnica y no como hoy que, en general, llegan los que en el sector privado no existirían por incapaces o corruptos.

En materia educativa hace ya muchas décadas que inventamos la frase «alpargatas sí, libros no». Así nos va. Salvo honrosas excepciones, la Argentina no resiste ni los mínimos estándares internacionales en materia educativa. Si Martha Maffei quiere tener trabajadores educativos, allá ella. Al país, a los chicos les conviene tener los mejores y más exigentes maestros posibles bien pagos, previa eliminación del Estatuto Docente para que haya auténtica competencia en la educación, el verdadero futuro de cualquier país.

En política económica, la Argentina ha alternado en los últimos 70 años entre un modelo de economía en autarquía comercial y financiera con fuerte emisión de dinero para expandir la demanda doméstica y crecer, así es que terminamos en hiperinflación y otro de alguna apertura comercial «trucha» (Martínez de Hoz y Menem) con fuerte endeudamiento externo para financiar déficit fiscal, así terminamos en los '80 y recientemente en devaluaciones masivas y defaults payasescos. Lo que nunca hicimos y habría que hacer es vivir del comercio (con la impresionante devaluación que hemos hecho hay que abrir la economía) sin endeudamiento, para lo cual hay que tener equilibrio fiscal estricto y para esto último habrá que eliminar la coparticipación federal de impuestos y la provincia que quiera gastar que recaude, eliminar la promoción industrial, el sobreempleo público, el clientelismo político, todos los regímenes especiales, etcétera.







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