El dominó que se viene
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Remeras a un centavo de dólar: el festival de subfacturación de importaciones alcanza al 76% de los textiles
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Castiglioni: "Para reducir la pobreza fue clave la baja de la inflación y la suba de los salarios informales"
Néstor Kirchner, Cristina de Kirchner, Martín Redrado
y Martín Lousteau.
No sólo hay que velar por una economía débil o por la salud maltrecha del sistema financiero. La fragilidad del dólar quita el sueño. Y la inflación azuzada por un barril de petróleo que se enseñorea cerca de los 100 dólares luce amenazante. Apagar los dos primeros frentes, tiende a reavivar el fuego en los dos últimos. Dosificar la irrigación supone el riesgo de no aplacar a ninguno de ellos. Es verdad que, durante mucho tiempo, la credibilidad hizo milagros. Pero la confianza mengua o se daña. Pruebas al canto: la caída del dólar, por ejemplo, ya no pasa inadvertida, estremece.
Las tareas a emprender no permiten soslayar, a esta altura, una respuesta específica a la crisis hipotecaria. Las políticas de estímulo del G-7 que en 2001-2003 mitigaron la recesión y evitaron que cobrara plena dimensión no salvaron -ni con tasas de interés de 1% ni con masivos déficits fiscales- a toda la fauna de compañías de Internet de su cuasi completa extinción. Tampoco hoy la política monetaria podrá estabilizar el valor de propiedades que se pagaron con notables excesos. Un recorte de tasas no arrimará compradores. Pero ello no disuelve la necesidad de estabilizar el mercado de hipotecas. Como atajar sino la dinámica de bola de nieve que toman las expectativas ante una realidad de más de 2 millones de préstamos de baja calidad que deberán enfrentar -el año y medio próximo- un ajuste alcista de sus propias tasas de interés.
Así se perfilan los ingredientes de una nueva línea de respuesta que, tarde o temprano, se echará a rodar. Como en agosto, toca la hora de una acción coordinada; de una respuesta en conjunto de los bancos centrales del Grupo de los 7 países más desarrollados. El Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han sido renuentes a ir más allá de la administración de liquidez. Pero se sumarán. No por solidaridad, sino por conveniencia. El mercado monetario los obligará de nuevo a intervenir. La trama interbancaria ha vuelto a complicarse. Y sus temores no reconocen de fronteras.
La suerte del dólar es otro motivo de reunión. De hecho, la intervención verbal ya comenzó hace diez días. Pero, está visto, no alcanzará. Un feriado largo, en el pasado, ha servido de plataforma excelente para lanzar operaciones exitosas en torcer rumbos y provocar virajes. El dólar tiene de su lado ya una alforja cargada de fundamentos -de los que carecía tiempo atrás- pero carece de momentum. Falta trazar una línea en la arena que indique que los principales jugadores -incluyendo EE.UU.- ya no consienten que su desliz se prolongue. ¿ Participará China o no lo hará? Ese es el tenor de los interrogantes. No tanto si habrá intervención oficial o no.
Si la respuesta a la crisis inmobiliaria que puede dar la Fed (o los bancos centrales que conviven con burbujas más acentuadas todavía que la de EE.UU.) es limitada, la experiencia señala que el Congreso y el Tesoro asumirán un rol de protagonismo. Detener el dominó hipotecario supone, a la vez, frenar la erosión sobre el sistema financiero y conjurar la principal amenaza de recesión. Con una elección en 2009 -y la realidad inminente de unas primarias que se resolverán antes de terminar febrero- la espada de Damocles de ejecuciones masivas de viviendas pende no sólo sobre la economía sino sobre la suerte en las urnas. No será fácil arrimar primero las soluciones más contundentes que exhibe el pasado: la creación de agencias cuasi públicas y su dotación de cuantiosos recursos federales (que aún en el caso de la Gran Depresión -cuando se refinanció un millón y medio de hipotecas- fueron recuperados en el tiempo). Pero los ensayos en marcha son diversos. Los tiempos pueden no ser los adecuados pero la propia crisis debería dinamizarlos. Propuestas como la apoyada anteayer por cuatro de las mayores compañías cobradoras de hipotecas -consistente en congelar las tasas de interés a aquellos deudores que están corrientes en sus pagos y postergar el aumento automático de tasas- son sólo un botón de muestra.




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