Las tensiones acumuladas en el frente geopolítico durante el fin de semana se hicieron sentir. Durante la primera hora y media, a pesar de una apertura ligeramente positiva (algunos se jugaron a que luego de cuatro semanas consecutivas de baja y alcanzando el mínimo en casi cuatro meses, llegó el momento de apostar por una suba), sin demasiada prisa pero sin pausa el Dow fue perdiendo terreno, en un ambiente en lo que lo más llamativo era el bajo volumen de las operaciones. Esto fue así hasta las 11.30, cuando comenzaron a circular comentarios sobre las dificultades que está encontrando el gobierno norteamericano en su cruzada contra el régimen iraquí. Primero fueron los discursos de los premieres de Rusia y Francia; luego la decisión de la OTAN que vetó el plan para "blindar" a Turquía, finalmente el anuncio que Irak permitía los vuelos de los aviones de reconocimiento de las Naciones Unidas sin ninguna condición. Los precios de las acciones comenzaron a repuntar y para las 12 el promedio industrial que había alcanzado a retroceder 0,8%, ganaba 0,58%. De ahí en más, y sin hacerle caso al cierre (el Dow trepó 0,71% a 7.920,11 puntos), se puede decir que no pasó mucho más. El mercado simplemente consideró que la guerra se alejaba un paso y entonces subía (o mejor dicho, dejaba de bajar) un escalón. Desde ya que esto no quiere decir que algo haya cambiado y difícilmente algo lo haga hasta la semana que viene, cuando la mayor parte de los inversores cree que se definirá el futuro de una nueva guerra en el Golfo Pérsico, o la primera gran derrota diplomática de los Estados Unidos del siglo XXI.
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