23 de agosto 2021 - 00:00

El ejemplo de Afganistán amenaza con provocar un renacimiento del Estado Islámico y de Al Qaeda

El triunfo de los talibanes provee una hoja de ruta para grupos ultraislamistas que enfrentan a fuerzas occidentales. Las agencias de inteligencia ponen en la mira especialmente a organizaciones yihadistas del norte de África y del sudeste de Asia.

EL PASADO QUE VUELVE. Combatientes talibanes realizaron una demostración de fuerza en Qalat, ciudad de la provincia afgana de Zabul. Sus patrullajes recuerdan las peores épocas del régimen previo a la invasión estadounidense de 2001.

EL PASADO QUE VUELVE. Combatientes talibanes realizaron una demostración de fuerza en Qalat, ciudad de la provincia afgana de Zabul. Sus patrullajes recuerdan las peores épocas del régimen previo a la invasión estadounidense de 2001.

París - El triunfo de los talibanes en Afganistán puede suponer un nuevo impulso al yihadismo internacional, galvanizado por una nueva derrota de una potencia extranjera y por la victoria de la estrategia, la negociación y la paciencia.

En todo el mundo, los combatientes del movimiento yihadista-salafista, en su mayoría afiliados a Al Qaeda o al grupo rival Estado Islámico (EI), no pueden sino constatar el éxito de los talibanes, que tomaron el poder en Kabul hace ocho días en medio de la salida de las tropas estadounidenses.

Ese éxito tuvo un valor simbólico muy fuerte. “Esto da a los yihadistas un tremendo impulso. Les hace creer que pueden expulsar a una potencia extranjera, incluso a una importante como Estados Unidos”, dijo Colin Clarke, director de investigación del Soufan Center, un centro de estudios geopolíticos de Nueva York.

“Sin duda habrá un fuerte bombardeo propagandístico, que culminará en el 20º aniversario de los atentados del 11 de septiembre. Esto galvanizará a los yihadistas desde el norte de África hasta el sudeste de Asia”, añadió.

Sin embargo, el caso afgano no es necesariamente reproducible en otros lugares porque no todos los grupos luchan contra potencias extranjeras.

“Es pertinente en el contexto de África Occidental, donde ha surgido todo un debate sobre las negociaciones con el GSIM”, el Grupo de Apoyo Islámico y Musulmán afiliado a Al Qaeda, afirmó Aymen Jawad al Tamimi, investigador del Programa de Extremismo de la Universidad George Washington de Estados Unidos).

Los talibanes no se contentaron con dejar que la situación se deteriorara. Mientras estaban en guerra, negociaban con los estadounidenses y el Gobierno afgano y hacían avanzar a sus peones. Simbólicamente, su triunfo ayuda a convencer a los militantes de que “si siguen luchando, sus adversarios terminarán por derrumbarse”, añadió el investigador iraquí.

En los últimos días, las redes sociales se han llenado de propaganda yihadista.

La agencia de propaganda de Al Qaeda, Al Thabat, afirmó que “los musulmanes y muyahidines de Pakistán, Cachemira, Yemen, Siria, Gaza, Somalia y Mali están celebrando la liberación de Afganistán y la aplicación de la sharía”, la ley religiosa.

En cuanto al Estado Islámico, la cuestión es obviamente más difícil. Cuando Al Qaeda prometió lealtad a los talibanes, el EI llamó apóstatas a sus miembros. En Afganistán, el odio es aún más tenaz porque el Estado Islámico en Jorasán (ISKP) fue creado por desertores talibanes.

Con todo, el Estado Islámico también se está beneficiando del colapso del Estado afgano. “Dr. Q”, un especialista occidental del grupo yihadista que publica sus investigaciones en Twitter bajo este seudónimo, constató 216 ataques del ISKP entre el 1 de enero y el 11 de agosto, frente a 34 el mismo período del año pasado.

“No todo está directamente relacionado con la retirada estadounidense, pero la victoria de los talibanes también da un impulso al ISKP, dijo.

También señala, más allá de los odios fratricidas, objetivos convergentes. “El Estado Islámico comunica regularmente sobre el hecho de que los occidentales no pueden quedarse para siempre” en tierras extranjeras. En este sentido, el triunfo de los talibanes “legitima su forma de actuar”.

Colin Clarke también apunta que el caos y la guerra son las condiciones básicas para el desarrollo de cualquier grupo yihadista. “El colapso del Ejército afgano es un extraño recuerdo de lo que vimos en Irak en 2011. Temo que la misma situación se repita en Afganistán, con el desarrollo simultáneo del EI y la resurrección de Al Qaeda”.

Aquí radica quizás la mayor lección que los talibanes han dado a la esfera yihadista mundial: la paciencia y la determinación pueden triunfar, independientemente del enemigo. Una lección galvanizadora para todos los movimientos con ambiciones locales, opositores o aliados de los nuevos amos de Kabul.

Agencia AFP

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