La posibilidad de extender el plazo de los créditos permitiría -en este contexto- impulsar más planes de inversión con financiamiento bancario, algo que en esta etapa casi no había existido.
Por supuesto, este rol deberá convivir con el vinculado a otros papeles, como la compra de dólares para mantener el tipo de cambio o la participación en licitaciones primarias para comprarle bonos al Estado a tasa que está por debajo del nivel de mercado, como sucedió recientemente en la licitación del BODEN 2015.
Hubo en el medio un fuerte cambio en la modalidad crediticia. A junio de 2003, sólo 11% del crédito al sector privado no financiero (esto excluye al Estado) estaba dirigido a las pymes. Ese porcentaje se elevó ahora a 51%, con un total de $ 3.400 millones. Asimismo, el monto total de crédito destinado a los privados (minoristas y empresas) aumentó más de 130% en dos años, pasando de $ 2.880 millones a $ 6.880 millones. Esta variación en el direccionamiento del crédito también generó una reducción en la participación del sector público dentro del total de activo de la institución hasta alrededor de 50%, contra 40% del promedio del sistema. Continúa elevado, pero es esperable que el principal banco público tenga mayor peso en el Estado que el resto del sistema.
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