No desde un punto de vista porcentual, pero sí desde el anímico, la primera rueda de la semana arrasó con lo que se había conseguido la semana anterior, sin dudas, la mejor para la inversión bursátil desde los ataques terroristas del 11 de setiembre pasado (estrictamente, la mejor semana desde la que terminó el 28 de setiembre, y la octava mejor en la historia del NASDAQ). Tal vez no casualmente entonces, uno de los argumentos más esgrimidos para explicar por qué el Promedio Industrial se cayó 1,19%, cerrando en 10.229,5 puntos, y el NASDAQ perdiera 2,29%, tuvo que ver con los comentarios del vicepresidente Cheney sobre la posibilidad de nuevos ataques terroristas. El político prácticamente los dio como un hecho, dejando sólo la intriga acerca del cuándo. Más allá de si estos comentarios fueron políticos (algunas voces veladas de la oposición vieron esto como una manera de atenuar las críticas en contra del presidente Bush, por no haber avisado antes a la población de la gravedad de la amenaza terrorista) o una verdadera advertencia, los datos de la economía real tampoco ayudaron demasiado a mantener el ánimo de los inversores, con el índice de Indicadores de Liderazgo "saliendo" debajo de lo esperado y el comentario de la gente de Merrill Lynch, que no ve más al sector tecnológico como uno de crecimiento. De todas formas, es difícil definir qué quiso decir el mercado. Por lo pronto, es claro que la merma fue demasiado profunda para ser una clásica toma de ganancias. Al mismo tiempo, el escasísimo volumen negociado, tan sólo 997 millones de acciones en el mercado tradicional y 1.427 millones en el electrónico, da cuenta de que cualquier otra conclusión no puede ser demasiado relevante. A lo mejor, es precisamente eso lo que quiso decir la voz del mercado, nada.
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