El plan «Reyes Magos» tiene el mismo problema fiscal de 2001 (¡aun con menos de la mitad de los pagos de deuda pública por el default!), el que a su vez es el mismo que el promedio de la década de convertibilidad, causa esencial de su fracaso. Conclusión, si la caja de conversión nacida en abril de 1991 explotó por culpa del déficit fiscal, también lo hará el doble mercado cambiario de Duhalde.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
1) El régimen cambiario. Para su sostenibilidad, necesita dólares y superávit fiscal. El establecimiento de tipos de cambio diferenciales como lo ha hecho la Argentina está taxativamente prohibido en el Article of Agreement del FMI, lo cual ya es todo un problema para recibir préstamos que, lamentablemente, se ve agravado por el «garganta profunda» Jorge Todesca (virtual viceministro de Economía) que mandó a que la gente del FMI se «calle la boca» en una admirable demostración de inteligencia justo cuando necesitamos no sólo de palabras de apoyo sino también de dólares contantes y sonantes antes que la crisis nos trague vivos.
Pero eso, con todo lo grave que es, no es lo peor. El hecho más preocupante desde el punto de vista de la técnica macroeconómica es que hoy la situación fiscal está totalmente fuera de control en el inicio del plan «Reyes Magos» de Duhalde. Sólo a nivel de gobierno federal (todo se agrava agregando a las provincias) la recaudación en pesos está cayendo por efecto de la implosión de la economía $ 12.000 millones en términos anualizados. Si la devaluación del peso genera una inflación de 20%, los impuestos en pesos estarían cayendo hoy 5% ($ 2.500 millones), con lo cual el déficit primario en pesos tiende a ser hoy de $ 7.000 millones. Con pagos de intereses del orden de $ 6.000 millones, el déficit global en pesos del gobierno federal hoy es de $ 13.000 millones, cuya única manera de financiación es la «maquinita» de la emisión monetaria (los que querían recuperar la soberanía monetaria pues ¡aquí la tienen!). Recordemos que en 2001 el déficit global fue de $ 12.500 millones, con $ 500 millones de déficit primario y $ 12.000 millones de intereses devengados.
O sea, en el arranque, el plan «Reyes Magos» tiene el mismo problema fiscal de 2001 (¡aun con menos de la mitad de los pagos de deuda pública por el default!), el que a su vez es el mismo que el promedio de la década de convertibilidad, causa esencial de su fracaso. Conclusión, si la caja de conversión nacida en abril de 1991 explotó por culpa del déficit fiscal, también lo hará el doble mercado cambiario de Duhalde. Para evitar el fracaso casi cantado de la nueva política cambiaria, el gobierno tiene que hacer un ajuste fiscal monstruoso del orden, de nuevo, de $ 10.000 millones como hace años debería haberse hecho. Sí, aunque parezca mentira, no estamos en el túnel del tiempo sino que estamos viviendo las consecuencias de la «buena onda» vacía de contenido, de la era del envase y el marketing sin sustancia. O sea, no hacemos lo que hay que hacer y pretendemos sustituirlo con «clicks» de optimismo o con la nueva versión del disparate de que «la Argentina está condenada al éxito» del presidente Duhalde. ¿Llamará el Presidente «éxito» a una caída del PIB de 10% como la que tendremos como mínimo en 2002?
2) El «corralito». Está claro que si no se libera el corralito, la gente, y con razón, prenderá fuego los bancos. Al mismo tiempo, no se lo puede abrir ya sea porque los bancos se caen (y no existe ningún país sin sistema bancario, más allá de que algunos banqueros argentinos deberían quedar en la calle) o se arma un fuego hiperinflacionario (como a De Mendiguren le gustaría para licuar las deudas de sus amigos) debido a la emisión monetaria que el BCRA debería hacer por más de $ 3.000 millones (que habría que sumar a los $ 13.000 millones de déficit fiscal del gobierno federal). En definitiva, estamos frente a un choque de trenes, en apariencia sin solución.
Aquí es importante decir varias cosas. Dos desde el punto de vista ético. Resulta patético y repugnante (pensando en el país) ver cómo economistas, periodistas y empresarios que jamás abrieron la boca sobre lo que podía pasar con el país si se seguía con la demencial política fiscal que los tuvo a Menem y Cavallo como artífices y que la ineptitud biológica de De la Rúa no supo contener, hoy salieron del «agujero» y no paran de hablar sobre lo nocivo del default y de la devaluación. Pregunto: «¿Qué pretendían que pasara con la política fiscal más irresponsable de la historia mezclada con un régimen de convertibilidad durante 10 años? ¿Verdurita?». Es malo el default y mala la devaluación pero son consecuencias lógicas e inevitables de lo mal que se hicieron las cosas en materia fiscal 3.650 días y no sólo un par. Resultaría patético y repugnante la estrategia de pesificar todo, emitir y flotar porque eso sería un fuego hiperinflacionario que licuaría por completo los ahorros de la gente, y ahí pregunto: «¿Qué país podemos construir sin crédito externo por el default, sin inversión extranjera directa por el control de cambios y con los depósitos de los argentinos en el exterior por una posible estafa?». Si alguien dice que sí es posible o merece el Premio Nobel por inventar el círculo cuadrado, o la cárcel por asesino. No puede ser que los que tienen poder de lobby siempre ganen a costa de los que no lo tienen como los pagadores de impuestos que sufrieron 6 impuestazos en la última década y los depositantes que fueron violados 2 veces en los últimos 20 años. Esta política económica de espaldas a la gente está destruyendo a nuestro querido país y no tienen derecho a hacerlo.
Dejá tu comentario