1 de abril 2002 - 00:00

El primer peaje cumple 113 años

Un esqueleto horroroso... era la opinión de los intelectuales de más peso de la época. Y en una carta abierta, un enero de 1887 se publicaba tan lapidaria consideración de lo que iría a resultar, nada menos que el símbolo de Francia.

Tal «esqueleto horroroso» provenía de la iniciativa de un ingeniero que quedaría inmortalizado con la obra. Se llamaba Alexandre Gustave Eiffel (1832-1923) y todo lo que rodeó a la hoy legendaria torre de metal, tuvo contornos de postal colorida. Para llegar a darla por terminada, el 31 de marzo -como ayer- de 1889, transcurrieron 26 meses. Pero para su realización debió aparecer toda la fuerza de su creador: porque, al margen de la autorización -a pesar de la enorme oposición que había- el capital necesario fue aportado por Eiffel, quien así corrió con todos los riesgos de la empresa.

• Puro peaje

La modalidad de la «concesión» tuvo aquí un ejemplo acabado, y fructífero, de donde el constructor recibiría 20 años para poder desquitar con los visitantes a la torre y el pago de sus entradas (cinco francos). El esqueleto gozó de los favores de todo el mundo desde el inicio, con casi 2 millones de visitantes en el primer año: Eiffel, con los primeros 200.000 cobros, ya desquitaba lo puesto. Y se afincó de tal manera, que la idea original de desarmarla para 1910 quedó en la nada: ¿quién se animaría a cumplir esa norma? La realización se concibió para ser estrella de la Feria Internacional de 1889 en París, cumpliendo ayer 113 años de resultar un alarde técnico fenomenal. Los datos sobre su construcción impactan, pero no son obra de una inspiración puntual. Aunque se haya dicho que Eiffel fue distinguido por ser director del equipo constructor, pero que el autor del proyecto fue Maurice Koechlin (adjudicándole algunos todo el crédito y dejando sombras sobre quien quedara en la torre inmortalizado), Eiffel ya había dado muestras de su talento. Había realizado el puente de Burdeos, utilizando una nueva técnica con aire comprimido en el metal. Y, detrás de ello, varios puentes más en distintas regiones.

La Torre Eiffel se construyó con un equipo permanente de 60 obreros, los que seguían indicaciones de 5.300 planos hechos por un conjunto de notables ingenieros. Fue en el momento de su realización la estructura más alta del mundo, con 312,27 m, y que se fueron a 320,75 m al agregarle antenas para radio. Pesa 10.000 toneladas, de las que 7.300 t corresponden al esqueleto «horroroso» y éste es un aspecto de nota: porque resulta una estructura sumamente liviana para su envergadura, si se la redujera a una escala de 1:1.000, daría una torre de 30 centímetros de alto... y sólo 7 gramos de peso). Por poco alcanza los 1.800 escalones (tiene 1.792) y fueron necesarias 15.000 piezas metálicas, unidas por 2.050.000 remaches. Desde su nivel máximo se alcanzan a ver unos 65 km a la redonda, tiene hoy en día un programa audiovisual en su primera plataforma (junto con un restorán, que también está en la segunda plataforma) y un bar para la tercera.

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