30 de julio 2001 - 00:00

El Senado convierte en ley el proyecto de déficit cero

La ley de déficit cero que convertía anoche el Senado en definitiva es la más importante sancionada en el país desde la Ley de Convertibilidad de abril del '91. Bien aplicada cambiará el futuro de la Argentina ya que a partir de tener nivelados el gasto y el ingreso en el sector público, los países han pasado a imponerse en el conjunto mundial, como Suecia en 1996, Irlanda en 1997, Finlandia en 1998 y Chile antes, en 1988. Alarma el esfuerzo que está costando sancionarla, porque es lo más simple cuando los países se deciden a vivir en equilibrio. Lo difícil es ejecutar este tipo de decisiones porque implica costos sociales y reacciones adversas. Pero nadie duda de que es la clave del verdadero avance de una economía moderna en cualquier nación. Como el problema decisivo será ver desde hoy cómo se la ejecuta, la responsabilidad pasó del Parlamento al Poder Ejecutivo Nacional y a las gobernaciones provinciales. Como motivará reacciones, se observará si la clase política especula contra el gobierno y gobernadores o privilegia el mejor futuro que aguarda a un país que al no tener déficit no acrecienta su deuda pública y entra a recuperar la confianza del exterior. Entre los políticos quedan sinsabores ante la sociedad. En la sesión de anoche se notó que hubo quienes trataron de resguardarse políticamente aunque también los hubo de accionar lamentable especulando en su beneficio con posiciones demagógicas. Fue el caso de varios radicales y frepasistas, como Leopoldo Moreau, Alcides López y Alberto Maglietti. Aunque con mucho menos responsabilidad, también hubo jugadas políticas entre los justicialistas. El gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, dejó agravar mucho la crisis financiera porque entre los primeros caídos estaba el gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf. En el gobierno también hubo algunas demagogias como el caso del frepasista "Juampi" Cafiero. Pero hubo verdaderas figuras que han emergido de esta severa crisis, por caso el pase a primer plano político del jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y un reconocido accionar más decisivo del presidente Fernando de la Rúa, que quizá por primera vez desde que asumió, comprendió y ejecutó lo que correspondía, dada la gravedad de la crisis. No habrá euforias en las finanzas pero sí recuperación y muchas expectativas por lo señalado que viene ahora: hacer cumplir la ley.

Chrystian Colombo, Nicolás Gallo y Ramón Mestre estuvieron ayer en el Congreso
Chrystian Colombo, Nicolás Gallo y Ramón Mestre estuvieron ayer en el Congreso
El Senado se disponía anoche a convertir en ley el déficit cero, pedida por el gobierno de Fernando de la Rúa. El peronismo, alentado por José Manuel de la Sota -que envió una carta al bloque-, estaba dispuesto a repetir la táctica de los diputados y prestar el quórum necesario para que el proyecto salga sólo con votos del radicalismo y sus aliados del interior.

Para avanzar en la aprobación, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, dio una media palabra de la Casa Rosada de que se toleraría una ley correctiva, solicitada por el PJ para modificar el ajuste la semana que viene con una nueva norma. José Luis Gioja y compañía se comprometieron entonces a votar en contra, pero con un número de brazos menor que el de la UCR. De esa manera, no modificaban anoche el déficit cero para no dilatar la aprobación, con la vista puesta en introducir los cambios buscados en la iniciativa complementaria. El aspecto fundamental sería encontrar alternativas al recorte de salarios en el sector público -con un piso de $. 1000- y, sobre todo, de los haberes de la clase pasiva.

El gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, se transformó en un auxilio inesperado para el gobierno, ya que destrabó la aprobación del déficit cero, cuando los números del radicalismo comenzaban a complicarse, cerca de las 22.30. Rodríguez Saá se comunicó telefónicamente con su senadora, Alicia Negre de Alonso, para pedirle que se levantara de la banca al momento de aprobarse la norma.


La crisis del oficialismo se produjo luego de que el entrerriano Alcides López anticipara su voto negativo en el tratamiento en particular de la ley. López, sumado a Leopoldo Moreau y al formoseño Alberto Maglietti, conformó un improvisado trío de opositores al gobierno dentro del propio bloque de la UCR. Ante ese panorama, el radicalismo tenía 15 votos propios más 4 aliados, contando algunos legisladores de partidos provinciales (el renovador Roberto Ulloa, el sanjuanino Juan Carlos Loza, el popular fueguino Ruggero Preto y hasta el peronista Omar Vaquir). La sanción del proyecto corría peligro. Con ese número, necesitaban sólo 18 peronistas en sus bancas para llegar al quórum justo, de 37, y poder ganar la votación.

El problema era que los justicialistas eran también 19 y ninguno quería abandonar la silla y así allanar la aprobación de la ley. En medio de esa pelea Rodríguez Saá se comunicó telefónicamente con Negre y consiguió un voto peronista menos en el recinto.


Se llegó a pensar, en el ínterin, en improvisar modificaciones al articulado, especialmente en los artículos 10 y 14. Hubo reuniones en el Salón Rosado del Senado, donde los senadores del oficialismo negociaban con el PJ, por ejemplo con Carlos Corach, la forma de sancionar en especial el artículo 10, es decir el que modifica la Ley de Administración Financiera instaurando el principio de déficit cero a partir de pagar sólo hasta el límite de lo que se recauda. Esa es la base jurídica para llevar adelante el recorte de sueldos estatales y jubilaciones. El radical Jorge Agúndez comenzó a testear por teléfono qué camino seguir en caso de que se quebrara el equilibrio alcanzado por el acuerdo de votación que Colombo había cerrado con el PJ.

A pesar de las continuas protestas contra las leyes del mercado, toda la sesión de ayer estuvo teñida por el temor a la forma en que abriría hoy la cotización del riesgo-país. Ese fantasma y la proximidad del abismo financiero fueron el motor esencial para la sanción del proyecto. Una parte importante de la sesión fue seguida desde los palcos por Colombo, Ramón Mestre y Nicolás Gallo, quienes trabajaron a destajo para conseguir la sanción de la ley sin que fuera necesario devolverla a Diputados. El tronar de los bombos de los gremios parlamentarios no los amedrentaron, aunque desaparecieron cuando promediaba la primera parte de la sesión. Colombo y sus laderos habían conseguido disciplinar a los oficialistas del Senado (hasta lograron que dejara su lecho de enfermo, antes de lo previsto, el mendocino José Genoud), y eso era motivo suficiente para celebrar, aunque sabían de las discrepancias severas de Leopoldo Moreau, Alberto Maglietti y hasta de Alcides López.

• Advertencia

Después de un tributo al recientemente fallecido senador peronista por Santa Fe Carlos Funes, Augusto Alasino (PJEntre Ríos) abrió el debate con una advertencia de que « no vaya a pasar lo mismo después de esta votación que con la reforma laboral». Con el fantasma de las coimas, se dedicó a fustigar lo que él mismo denominó « el uso irresponsable de la libertad de expresión». Cuestionó un chiste publicado por el diario «La Nación» y varios artículos periodísticos, uno de ellos firmado por Joaquín Morales Solá, en el que se mencionaba que el senador Verna estaba negociando el déficit cero « a cambio de ser designado director del Banco Central, cuando todos sabemos que es uno de los pocos senadores que, seguramente, va a renovar la banca». «Lo complicado -continuó- cuando Morales Solá dice que un viejo senador peronista norteño, y no sé si el Norte llega hasta Córdoba, se tapó ojos, oídos y boca cuando el periodista le preguntó si hubo otros pedidos». «Yo creo que a esta ley le sigue una denuncia de Monner Sanz», ironizó para diversión de los presentes.

El chubutense
Juan Carlos Altuna, de la UCR, se convirtió en miembro informante del ajuste. A fines de la semana pasada se había transformado en nexo entre el bloque radical y el gobierno en esta materia. Con dramatismo, aseguró que « cuando los gastos exceden los recursos genuinos, no hay muchas opciones para financiarlos». «Cuando tuvimos financiamiento en exceso debimos ser cautos y tener disciplina fiscal, pero no lo hicimos», se sinceró. « Desde diciembre de 1999 -abundó el contador Altuna- se implementaron diversas medidas buscando equilibrar las cuentas fiscales y generar la reactivación tan postergada de la economía. Sin embargo, debemos confesar que no hemos logrado los objetivos perseguidos, la economía sigue estancada. La recesión es el gran problema que nos agobia desde el segundo semestre de 1998», concluyó.

El peronismo replicó por medio del pampeano
Carlos Verna, quien señaló que en el Presupuesto « hay partidas para servicios personales por $ 1.700 millones, y hay partidas de $ 424 millones para contratos». « Compartimos el déficit cero, pero no el recorte sobre los que menos tienen», se plantó.

El entrerriano
Héctor Maya se sumó al coro de la oposición y anticipó su voto negativo y atacó las exenciones impositivas de que goza el sistema financiero. Maya dejó de lado la posibilidad de gravar los intereses de los plazos fijos «porque después nos hablan de corrida al Uruguay», pero propuso cobrar impuesto a los dividendos de títulos públicos, « que están a la fuerza anclados a la legislación nacional y que puede proveer más de u$s 4.200 millones al Tesoro».

El discurso más duro de la tarde llegó, quizá, desde un radical, el formoseño
Alberto Maglietti: Tanto Machinea como López Murphy se dicen radicales pero tienen ideas afines al establishment financiero. Hasta que llegamos a lo que jamás hubiéramos creído los argentinos. A recurrir de nuevo al salvador de la patria, al actual ministro de Economía. Hasta uno que fue vicepresidente de la República pedía que fuera al ministerio», dijo en referencia al huido Carlos Chacho Alvarez.

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