29 de agosto 2002 - 00:00

El toro resultó un oso disfrazado

El toro resultó un oso disfrazado
Si en las próximas horas el mercado no se recupera, no nos va a quedar más remedio que admitir que el "bull market" que oficialmente nacía una semana atrás, no fue nada más que una clásica "trampa de osos". Eso sí, mucho más sagaz que el cúmulo de situaciones similares que hemos sufrido a lo largo de este año. Desde los máximos de aquel entonces (precedidos por cinco semanas consecutivas de una laboriosa suba), y merced a la baja de 1,48% que experimentó el Dow al cerrar ayer en 8.694,09 puntos, las blue chips han perdido 3,97%; el S&P, que había dado la señal del inicio del mercado alcista, retrocedió 4,65%; y las acciones tecnológicas simplemente se desplomaron 7,62%. Para dar una mejor idea de lo brutal de la baja que está experimentando el mercado, basta considerar que ayer, frente a 90 mermas en el NASDAQ 100, sólo se contaron 9 alzas, y si bien las cosas resultaron algo mejor para el S&P 500, frente a 443 bajas, apenas se contaron 55 mejoras. Es cierto que el mercado "no tiene memoria", pero hoy más de un inversor seguirá pensando en lo que pasó ayer, en que todavía le falta conocer los datos del PBI (normalmente no demasiado relevantes para los inversores), que mañana le toca el turno a la información de los gastos y consumo personal, y el índice de confianza de la U de Michigan (las apuestas no son muy optimistas), en que luego del feriado del lunes se acaban oficialmente las vacaciones y que si tuvimos un rally en estas últimas semanas, seguramente fue porque los más pesimistas (que están volviendo) se apartaron del mercado. Mientras tanto, más allá de lo anecdótico, Nortel, Sun o cualquier otro de los motivos puntuales que se esgrimen para explicar lo que pasa no tienen en este escenario una real importancia.

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