Con reducciones en el área de siembra de, al menos, 20% (una caída de alrededor de un millón de hectáreas), pero que se pueden ampliar acorde con el malhumor de los productores y la prolongación de la sequía y heladas que siguen asolando a las distintas zonas de producción, el trigo ya se constituyó en la primera víctima formal de un conflicto que dura más de tres meses.
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Aun si hoy hubiera un acuerdo oficial entre el campo y el Ejecutivo/Legislativo (lo que no sucederá), el daño sobre el estratégico cereal es irreversible y significa, hasta el momento, una merma de producción que, aunque temprana, se puede calcular en no menos de 2-3 millones de toneladas.
El hecho es más grave aún si se considera que va a ser la cuarta campaña consecutiva en la que el cereal no logra recuperarse y superar récords anteriores (especialmente, los casi 16 millones de toneladas de la cosecha 96/97), a pesar de los significativos avances tecnológicos y, más aún, los extraordinarios precios internacionales que incentivan su siembra en, prácticamente, todo el mundo al triplicar, en muchos casos, el promedio de precios de los últimos 20 años. Aun así, la Argentina sería uno de los apenas tres paísesdel mundo donde la producción va a bajar, básicamente, porque los agricultores locales están cada vez más lejos de recibir semejantes valores.
Explicaciones
Las causas de tamaña caída son perfectamente entendibles:
1) se terminó de quebrar la poca confianza que los productores tenían en el gobierno; 2) los costos directos para hacer trigo se incrementaron más de 100% respecto de la campaña anterior, y 3) el clima está jugando en contra en muchas zonas productivas, a partir de una seca que continúa agudizándose y heladas que queman lo que se cruza en el camino. Otros elementos, tampoco menores, pasan por los inconvenientes que se registran, por ejemplo, para conseguir combustible, o las dudas crecientes de los productores sobre las nuevas resoluciones oficiales que aparecen casi diariamente, mientras la mayoría está distraída con el conflicto por las retenciones móviles.
Respecto del primer punto, en el caso del campo el cambio de humor no es un tema menor y, de hecho, ha significado récords o caídas estrepitosas, según hacia dónde se inclinaba el fiel de la balanza anímica. Incluso este gobierno lo pudo comprobar con las producciones agrícolas, especialmente en 2004, 2005 y 2006, o con la performance de la carne vacuna hasta que se les ocurrió cerrar las exportaciones en marzo de hace dos años.
Hoy los productores desconfían, y eso no va a cambiar con un acuerdo oficial.
Pero si la caída del área de siembra es importante, no lo es menos la aparente decisión de bajar sensiblemente la utilización de insumos. Dicho de otra forma, se va a producir lo más barato posible. Y ahí, hay un solo dato que da cuenta de la magnitud de lo que se está hablando: los fertilizantes aumentaron de la campaña pasada a la actual, más de 90% los nitrogenados, y por sobre 150% los fosforados, pero... ¡en dólares!
Es obvio que si se invierte menos, entonces seguramente los rindes también van a ser menores, baja que se adicionará a la del área.
Así, las expectativas que se manejan hoy hablan de una cosecha que volvería a rondar apenas 12-13 millones de toneladas volumen que, si bien alcanza para proveer a la demanda interna, ni siquiera es suficiente para abastecer los requerimientos del principal socio del Mercosur, Brasil (cuyo presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, se volvió a quejar en Tucumán tanto por los magros volúmenes que le está enviando la Argentina como por las retenciones que le aplica al cereal y que le representan un conflicto interno con sus propios molineros que se quejan por la «competencia desleal» que les representa la harina argentina).
Así, no son pocos los que prevén el mantenimiento de un mercado del trigo local que seguirá tenso, más aún el próximo año cuando comience, además, el período electoral, lo que va a «sensibilizar» adicionalmente al gobierno, sobre todo en productos tan emblemáticos como el pan y la harina. Por eso, tampoco sorprende demasiado que una de las últimas resoluciones oficiales pretenda saber «dónde», «cuánto» y «cómo» tienen guardados los granos los productores, y no extrañaría que formal o informalmente en un tiempo comiencen a restringir otra vez fuertemente las exportaciones del trigo de la última campaña, que ya está cosechado.
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