Daniel Scioli se despidió el miércoles del Senado para partir a la gobernación en La Plata. Tuvo que presenciar antes una de las mayores frustraciones en el bloque peronista por la votación fallida de la Emergencia Pública.
Miguel Pichetto empezó ayer a armar el segundo intento de votación de la Ley de Emergencia Pública y de la prórroga del impuesto al cheque, para intentar salir lo antes posible de la crisis que provocó la derrota del kirchnerismo en el recinto del Senado en esos dos temas el miércoles pasado. A pesar de sus esfuerzos, el intento no será fácil: Pichetto deberá lidiar con todo el trámite burocrático y político de constituir la Comisión de Presupuesto y Hacienda ya que el lunes quedará disuelta después de la renovación de la Cámara. Una vez reunida y con su nuevo presidente, el cordobés Roberto Urquía, el oficialismo deberá emitir un nuevo dictamen de los dos proyectos fallidos y después convencer a los nuevos y viejos senadores para que comiencen a trabajar desde el mismo miércoles.
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Será difícil que ese día se aprueben las dos leyes con las que el Senado decepcionó a los Kirchner, pero al menos el esfuerzo servirá para poder sancionarlas el 19 de diciembre, a tiempo, antes que venzan el impuesto al cheque y el de emergencia sobre cigarrillos. Lo que ya no podrá evitar el Congreso es que Cristina de Kirchner deba promulgar la prórroga de la Emergencia Pública con su lapicera de presidente.
En medio de la frustración por no haber tenido los votos suficientes para aprobar esas leyes, el gobierno trató de bajarle el tono a la derrota. Alberto Fernández presenció el miércoles pasado, pocas horas antes de la votación fallida, tanto el reto de Cristina a Pichetto y al santafesino Agustín Rossi por las desinteligencias entre el Senado y Diputados en el tratamiento de las leyes clave para el gobierno, como el reclamo de los dos jefes de bloque para que de ahora en más alguien les atienda el teléfono en la Casa Rosada. «Ustedes nos dicen que hay problemas, pero a veces navegamos a ciegas porque no llega ninguna instrucción», se quejaron Rossi y Pichetto ante Cristina. Fue entonces cuando la presidente electa lo miró a Alberto Fernández y ordenó: «Desde ahora les atienden el teléfono» y a los legisladores les informó: «El es el único nexo con la Casa Rosada».
Así quedó armado el nuevo esquema de coordinación entre el Congreso y el Poder Ejecutivo que ayer Alberto Fernández estrenó para minimizar los errores legislativos. «Sabíamos que íbamos a tener dificultades para que la Emergencia pudiera ser tratada sobre tablas en el Congreso», aseguró el jefe de Gabinete.
Para evitar pasar otra vez por la prueba de tener que reunir los dos tercios de los miembros para habilitar la Emergencia, lo que por ausencia de una decena de sus senadores ocasionó la derrota en el recinto (ver pág.10), Pichetto constituirá el martes 11 -un día después de todo el fasto de asunción de Cristina de Kirchner- la nueva Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado que para entonces estará controlada por Urquía, un hombre de confianza de la presidente electa al punto de que integra junto con el santacruceño Nicolás Fernández, el tema con el que piensa mantener controlada esa cámara.
Trabajo habrá mucho: a partir del lunes, al cambiar la composición de las cámaras, perderán vigencia los dictámenes existentes de todos los proyectos y se requieren otros nuevos para que puedan volver al recinto.
Así Urquía apurará la firma del despacho, pero si Pichetto quiere tratarlo el miércoles en el recinto deberá reunir nuevamente los dos tercios. Quizá le resulte más fácil conseguirlo con los nuevos 24 senadores asumidos, que sin duda tendrán más ímpetu que los que ese día se retiran. Pero para garantizar no tener que pasar por esa prueba, deberá esperar hasta el 19 de diciembre, día en el que el kirchnerismo sólo deberá conseguir los 37 votos positivos que exige la Constitución para renovar el impuesto al cheque.
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