Energía sería la mejor política económica del gobierno y la única con previsión de futuro
Se advierte intención del gobierno de preservar las reservas de petróleo y gas, que ahora ya se sabe que son escasas. Aunque son medidas impulsadas en principio por la crisis energética podría ser, por su trascendencia para el futuro nacional, la mejor política del área económica del gobierno de Néstor Kirchner. En abril se limitaron las exportaciones de gas a Chile, y este mes, sin buenos fundamentos, se restableció la mayor parte, cuando se considera que exportar ese fluido no es posible en la Argentina con reservas descubiertas para apenas 10 o 12 años. Chile le forzó el protocolo gasífero a Carlos Menem durante su presidencia, en un momento en que los técnicos creían que el gas sobraba en la Argentina y se construyeron seis gasoductos a países limítrofes. Ahora ya es claro que el protocolo no se puede cumplir. Lo mismo sucede con la exportación de petróleo, que es casi la mitad de lo que se produce en áreas locales. Hasta debería pensarse que no es bueno que Repsol YPF sea la empresa que más impuestos paga en el país, porque ese dato refleja que se está apurando la extracción de hidrocarburos, contrariamente a lo que hace EE.UU. que demora la extracción en su territorio y depende de las importaciones para tener futuro energético. Sería desastroso que, en 10 o 12 años, la Argentina deba importar gas, y quizás poco después petróleo, porque el momento coincidiría con los pagos más fuertes que se comprometerán ahora para reestructurar la deuda en default y la posdefault que permitió salir del «corralito» y del «corralón». La falta de las principales fuentes de energía comprometería además el futuro del país. A la Argentina le costó mucho conseguir el autoabastecimiento: primero lo alcanzó en 1960 con Arturo Frondizi; lo perdió en 1963 con Arturo Illia, y recién lo volvió a lograr varios años después. Sería un proyecto interesante el de ENARSA, la empresa estatal de energía, si se dedica a buscar reservas en el mar. El problema es si termina como YPF dando pérdida por la burocracia y porque se usaba con fines de clientelismo político. Recordemos que las empresas energéticas fueron privatizadas más que por vocación por estar carcomidas de déficit por el uso político del empleo público en ellas más los insaciables sindicalistas. SEGBA, de electricidad, tenía 22.000 empleados y 42.000 juicios iniciados por los propios gremialistas y los abogados de las mismas empresas. YPF estatal era la única petrolera del mundo que daba pérdida.
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Es decir, esas empresas nunca imaginaron que les cortarían el gas en febrero. Hay inclusive actividades claramente estacionales, como la zafra en Tucumán o la cosecha citrícola en Neuquén, que se realizan en épocas donde nunca estuvo previsto que se cortara el gas (abril-mayo).
En realidad, el concepto de interrumpible surge del criterio cierto de que no es económicamente rentable mantener una red de gasoductos para abastecer un pico de demanda que se registra en tres o, a lo sumo, cuatro semanas en invierno. Por eso, los cortes siempre estuvieron pensados para esa fecha, aunque el usuario con contrato interrumpible pague tarifa más barata todo el año.
Por el momento, el presidente chileno, Ricardo Lagos, parece tener una mejor comprensión de la situación que Kirchner o, por lo menos, es más sincero en sus declaraciones públicas. Lagos dijo que «en el mediano plazo tanto Chile como la Argentina serán importadores de gas». Claro que no hay tal igualdad. Si hace buena política energética y explora más, la Argentina tendrá por muchos años más gas que Chile, que no tiene. Además, la Argentina importará más barato de Bolivia, cuando necesite. Esto le está vedado a Chile por haberle ganado una guerra a Bolivia y haberle tomado el territorio que la conectaba con el mar. O sea, conflicto insoluble.
Por supuesto que en las prioridades de Lagos se concibe a la Argentina y a su país como una región, en la que ambos deben sufrir por igual las consecuencias de que falte el gas, aunque en realidad el combustible esté en territorio argentino. Y los contratos de exportación hayan sido firmados, en gran parte, durante el gobierno de Carlos Menem, cuando los expertos decían que el gas argentino «sobraba» con respecto a las necesidades internas y que nuestro país podía abastecer a todos los países vecinos. Aunque se supiera que no era sí, Chile presionó muy fuerte -como hoy al gobierno argentino- para que le exporten gas.
Por esa idea de abundancia energética se construyeron cinco gasoductos a Chile, uno a Brasil, otro a Uruguay y hasta se pensaba en llegar a San Pablo a través de Bolivia por el mismo gasoducto por donde hoy ingresa gas de ese país para cubrir nuestras necesidades internas.
A partir de 2000, las cosas empezaron a cambiar. En primer lugar, en los últimos años de la década del '90 se descubrieron grandes reservorios de gas en Bolivia, en más cantidad por pozo que en la Argentina y en condiciones más fáciles de extracción. Bolivia pasó así a ser país gasífero. Ahora tendrá un plebiscito para ver a qué países les vende. Desde ya no a Chile, pero podría ser que tampoco a la Argentina, salvo sobreprecios -por la proximidad- en relación al mundial.
Además de la crisis política local, esos descubrimientos en Bolivia explicarían, más que nada, la reorientación de las inversiones de las mismas petroleras que operan en nuestro país: Repsol, Pan American Energy, Totalfinaelf y hasta Pérez Companc antes de venderse a Petrobras.
Pero a partir de 2000 hay también otro escenario en el mundo. Los países de la OPEP se abroquelan y aplican una política de restricción de la producción que hace subir los precios del petróleo de 12 dólares hasta la banda de 30 a 40 dólares en que osciló en el último año y medio.
Con esos precios del petróleo hay una revalorización del gas a nivel internacional y hay cada vez más inversiones para transformarlo en un commodity, envasándolo como gas licuado y vendiéndolo a países distantes. De ahí el plebiscito en Bolivia.
• China
Aparecen China y la India como grandes y crecientes consumidores mundiales de productos energéticos, a la vez que hay una demanda siempre en alza de los países desarrollados y en desarrollo. Frente a esto, la oferta mundial está lejos de crecer al mismo ritmo.
Por el contrario, según análisis serios de expertos que mostró «National Geographic», los precios altos del petróleo reflejan una «prima de riesgo», porque los mayores reservorios se encuentran en la conflictiva zona de Medio Oriente, pero son sobre todo expresión de que la producción mundial puede encontrar un techo mucho antes de lo que se preveía hasta ahora.
Según un estudio publicado en junio por esa revista, la producción mundial de petróleo llegaría a su punto máximo en 2016 a nivel mundial y en 2006 si no se considera Medio Oriente. Los más optimistas creen que el clímax llegará entre 2030 y 2040.
Estas referencias a máximos y clímax tienen relación directa con la curva de producción de los yacimientos. Estos tienen una curva casi igual que la de la vida humana y al final terminan declinando, aun cuando los países desarrollados, en especial EE.UU., hayan desarrollado técnicas cada vez más sofisticadas para sacar hasta la última gota de petróleo.
Se comprobó, además, en los últimos años que grandes petroleras como Enron o Shell inflaron sus reservas para mejorar sus balances y lo mismo hicieron varios países, al punto de que se duda de las reservas mundiales, sobre todo en Irak y en México, pero también en Arabia Saudita, el primer productor del mundo.
• Peligro
En este escenario, si la Argentina no acota las exportaciones de gas a Chile, más allá de la coyuntura, podría ocurrir, como dice Lagos, que en 10 o 12 años, el país deba importar gas para sus consumos esenciales (de hecho, ya importamos de Bolivia). Y lo mismo ocurriría con el petróleo, del cual se exporta hoy casi la mitad de lo que se extrae.
Si se considera este tema, el futuro del país es todavía más incierto de lo que se pensaba hasta ahora, porque habría que importar energía cuando los precios estén cada vez más altos y cuando haya que cumplir con los compromisos de la deuda que se contraerán ahora, con el refinanciamiento de los pagos.
Como los países desarrollados son esencialmente importadores, no hay ejemplos para seguir en materia de exportaciones de petróleo y gas. De todos modos, EE.UU., que tuvo una natural declinación de sus yacimientos, no se apresura a extraer el petróleo que le queda y ya a partir de la década del '70 empieza a depender fuertemente de la importación. El Estado tiene, además, una reserva estratégica de 700 millones de barriles de crudo para casos de emergencia extrema, ya que ese volumen alcanza para unos 30 a 35 días de consumo actual.
• Sospechas
La Unión Europea también tiene una reserva de 90 días de petróleo que aspira a aumentar a 120, y Rusia también dijo que tomará una decisión similar. En la Argentina, la idea de que el Estado tuviera una reserva estratégica de petróleo siempre fue vista como sospechosa por las empresas privadas, temerosas de alguna extorsión por precios, más allá de emergencias fundadas.
Las limitaciones a las exportaciones tampoco serían del agrado de las petroleras que se instalaron en el país porque cuando invirtieron se les dieron garantías de libre disponibilidad del petróleo y del gas e inclusive de libre disponibilidad de 70% de las divisas obtenidas con las ventas externas. Tal vez si la situación económica se encauza en el país haya condiciones para repensar la política petrolera y no hipotecar el futuro. La privatización energética de la década del '90 es considerada, aun por los libre empresistas, mal hecha porque nunca se tomó en cuenta que estaban en juego bienes no renovables, además escasos en el país.




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