El presidente afirmó que la economía esta sólida y que con el nuevo paquete de saneamiento volverán los inversores. Supongamos que no fue esto, sino el recontra esperado anuncio de que WorldCom entraba en convocatoria, la nota de "The Wall Street Journal" descubriendo algunas prácticas contables "curiosas" que aplicaba el Citigroup a Enron, los malos números de BellSouth o cualquiera de los típicos argumentos que se usan para justificar las mermas, lo que hizo que el Dow perdiera 2,93%, cerrando en 7.784,58 puntos, que el NASDAQ cediera 2,77% y que el S&P se desplomara 3,29% para quedar en 819,65 puntos. El argumento no alcanza, porque la verdad es que objetivamente fue una jornada con más noticias "positivas" que "negativas", especialmente en el frente de los anuncios contables y las levantadas de pulgar de los analistas. Hoy son muchos los republicanos que están pidiéndole al presidente que deje de hablar del mercado bursátil. Es claro que no lo hacen por cuestiones éticas que poco y nada les importan, sino porque cada vez que el presidente abre la boca, el mercado se desploma, y esto está dañando rápidamente la imagen presidencial, crucial para las próximas elecciones de "medio término" en noviembre. Tradicionalmente, éstas han sido favorables para la oposición cuando la situación económica es mala. Si bien en esta oportunidad los números no son adversos, es bueno recordar que en 8 de las últimas 9 recesiones, el mercado accionario arrastró o predijo (queda a opción del lector cuál) la caída de la economía. Las esperanzas del presidente están puestas en la posibilidad de que esta vez el carro (la economía) pudiera ponerse delante de los caballos (el mercado bursátil) y arrastrarlo hacia arriba. Parece que mucho de Bolsa no sabe.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario