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- operadores bilingües en call centers;
- especialistas en finanzas;
- enfermeros licenciados.
«En el exterior, los jóvenes encuentran sueldos en dólares y una gran experiencia para sus currículums. Además, tienen la ventaja de no tener preocupaciones que los frenen a la hora de irse, como hijos, por ejemplo», dijo a este diario Gastón Podestá, director regional de Recursos Humanos de la consultora Accenture.
Según un estudio realizado por la consultora Heidrick & Struggles en base a treinta países, Estados Unidos es el destino favorito de los profesionales talentosos, seguido por Reino Unido, Canadá, Suecia y Holanda. Estas naciones no sólo tienen las reservas de talentos más grandes, sino también las mejores políticas de motivación e incentivos a los trabajadores, materias en las cuales la Argentina está atrasada. «En las sociedades subdesarrolladas, como la nuestra, todavía existe el estigma de la vergüenza a ganar plata. En cambio, en Estados Unidos los ejecutivos no se preocupan por ocultar que ganan u$s 4 millones al año. Esta es una característica que desalienta al profesional argentino que busca ganar plata en puestos jerárquicos», explicó a Ambito Financiero Rubén Heinemann, socio de la consultora; agrega que «hoy no sobran profesionales en ningún rubro. De hecho faltan con cualidades para ocupar puestos gerenciales».
Uno de esos requisitos es obviamente el dominio del inglés y del portugués, en especial en egresados de Ciencias Económicas.
También faltan profesionales en el área de recursos humanos y vendedores capacitados. Así lo afirma Ruben Barash, de la carrera de Recursos Humanos de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE): «Los buenos ya están trabajando. Los que están desocupados no son justamente los más calificados». Coincide Heinemann: «La cantidad de profesionales con aptitudes para gerencia es menor que en los 90».
Si bien la Argentina es uno de los países de América del Sur con mayor cantidad de alumnos en las Universidades, sólo 8,7% de los jóvenes en edad de ingresar a las Universidades lo hace. Según el INDEC de 4.600.000 jóvenes de entre 18 y 24 años sólo 400.000 deciden estudiar una carrera universitaria.
La falta de motivación en los jóvenes hacia carreras universitarias se suma a la deserción en el estudio. Esto en parte se debe al bajo nivel de conocimientos con los que los alumnos egresan de los colegios, que impide que los jóvenes se adapten al ritmo de estudio universitario. «Llegan a las universidades con grandes falencias. Deberían revisarse los planes de estudio de la escuela secundaria», dijo Andrés Hatum, profesor asociado de la organización de Comportamiento Humano, de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral. Además,según las consultoras de recursos humanos, los graduados universitarios tienen una calidad muy inferior a la que tenían hace diez años.
La problemática afecta tanto a pymes como a grandes empresas, pero éstas suelen poner en práctica múltiples proyectos para «capturar» a los mejores. «Ante la falta de recursos humanos calificados estamos en permanente contacto con las universidades para captar a los talentosos», dijo Podestá.
Asimismo, según los profesionales consultados, los egresados demandan cada vez más flexibilidad por parte de las empresas. «Los jóvenes profesionales hoy pretenden experimentar en el campo laboral. No tienen como valor hacer carrera en una sola empresa, sobre todo luego de la crisis de 2001, donde muchos de sus padres quedaron desempleados. El desafío para las empresas es lograr retenerlos», dijo Ana Paula Pace, gerente de Selección Permanente de la consultora Manpower.
Desde el ámbito universitario ya se percibe esta tendencia. «Los recién graduados pretenden una gran calidad en su vida laboral, con jornadas no mayores a las ocho horas diarias, sábados y domingos libres y sueldos altos», aseguró Liliana Guarnaccia, directora de la carrera de Recursos Humanos de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales.
La perspectiva, entonces, es complicada: los mejores se van, y los que se quedan -aún con una fuerte carga de falencias tienen pretensiones de «prima donna» a las que las empresas no tienen más remedio que acceder.




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