Francia - Los mercados financieros se mantienen en alerta extrema por la inflación en la zona europea y una posible alza de las tasas de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE), pero hay razones para preguntarse si están exagerando. Es cierto que los precios del crudo se elevaron hasta niveles inesperados, pero aún no hay señales de que Europa y otros países se acerquen a una inflación de dos dígitos del tipo que se desató durante la gran crisis petrolera de los años 1970. En base a eso, hay coincidencia entre la mayoría de analistas. Además, el mundo es ahora un lugar diferente, donde la globalización y el surgimiento de China e India intensificaron la competencia de precios y donde las negociaciones por alzas salariales moderadas han sido la regla por algún tiempo.
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El BCE está poniendo especial énfasis sobre el riesgo de que los altos precios de la energía se desborden y generen lo que describen como efectos secundarios, principalmente demandas de salarios más altos. A su vez, esto podría provocar un ciclo vicioso de inflación.
La institución tiene la tarea de tratar de mantener la inflación contenida, sin apresurarse a subir una tasa de interés que podría descarrillar lo que todavía es una elusiva recuperación en la economía de la zona euro, donde se pronostica que la producción crecerá poco más de 1% este año. James Hamilton, profesor de Economía en la Universidad de San Diego, en California, sostiene que la espiral inflacionaria de los años 1970 y las recesiones que siguieron a las dos grandes crisis petroleras se debieron tanto a las políticas económica y monetaria como a los altos precios del crudo. «Seleccione el veneno: inflació no recesión. Personalmente le temo más al segundo», dijo en un trabajo en Internet.
Sin embargo, un número creciente de economistas ven como un riesgo que el BCE suba su tasa clave de interés-actualmente en un mínimo histórico de 2% por más de dos años- más rápido de lo que previamente habían pronosticado, quizá tan pronto como diciembre.
Esto genera otras preguntas fundamentales. ¿Por qué debería repuntar ahora el costo laboral cuando ha caído en 9 de los últimos 10 años, incluso cuando el crecimiento económico era mucho más fuerte que en los momentos actuales? ¿Puede servir la experiencia pasada como una medida del riesgo inflacionario en una era donde la globalización, las exportaciones baratas de China y fuerza laboral de bajos precios refrenan los precios de los bienes y obligan a la gente a preocuparse más por mantener el empleo que en asegurar un aumento salarial?
En lo que respecta a la inflación estructural, no hay nada obvio en esta fase que sugiera que los altos precios del petróleo están causando el tipo de avance amplio y sistemático de la inflación que podría desatarse si los salarios crecen fuerte y significativamente.
• Caída
El costo de la unidad laboral, la medida favorita de los banqueros centrales porque vincula el pago a la cantidad de la producción nacional producida por cada empleado, cayó a 0,3 por ciento en la zona euro en 2000, en momentos en que el crecimiento económico alcanzó su máximo de la década con 3,6%.
Si uno asume que hace falta tiempo para que un fuerte crecimiento alimente mayores presiones salariales, uno podría haber esperado algo diferente en los años posteriores. Pero el costo de unidad laboral cayó el año próximo y todos los siguientes. Muchos economistas, empleados y sindicatos ya no reclaman las demandas salariales con huelgas y acciones que llevan a altibajos del PBI. Algunos argumentan que los sindicatos están ahora más conscientes de la necesidad de empleos sostenidos que de gigantescas alzas salariales, bien sea por un sentido de responsabilidad o pérdida de poder.
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