Fargo: los fondos Dolphin y Pegassus le pelean a Bimbo
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Lo que sucede es que Fargo tiene dos clases de pasivos: por una parte, hay u$s 30 millones de deuda con el Deutsche, que está garantizada con los bienes de la panificadora. Además, hay u$s 120 millones en ON -buena parte de la cual está en manos de la canadiense Cargill- que no tienen garantía alguna.
Está claro, entonces, que hay un conflicto de intereses entre ambos «grupos» de acreedores: a la entidad alemana le interesaría obtener el máximo de efectivo posible por sus acreencias, y dejarle al futuro propietario la difícil negociación del resto del pasivo con los bonistas; al revés, éstos querrían ver un «deal» que incluyera algún tipo de rescate de sus bonos con la menor quita posible.
En el otro extremo de la ecuación está la concentración de mercado que se produciría en caso de que Bimbo -que por ahora está primera en la carrera, por monto ofrecido-finalmente compre Fargo: es que a su 20% del mercado de pan envasado, le sumaría 60% de Fargo, con lo que tendría un «share» de casi 80%. Esto automáticamente dispararía la intervención de la difícil Comisión de Defensa de la Competencia y el Consumidor, hoy conducida por Patricia Vaca Narvaja; es que la flamante funcionaria -por lo que se sabe de ella-se mostraría reacia a permitir esta clase de concentración en cualquier sector de la economía, máxime si se trata de un artículo de consumo popular como el pan.
Seguramente el argumento que interpondrán los abogados de Bimbo será que esa participación de 80% se limita al mercado de pan envasado, dado que -de tomarse todo el mercado, incluidas panaderías de barrio y de ciudades chicas del interior- se reduce a menos de 15%. No hace falta adivinar: es el mismo argumento que esgrimían Bimbo y The Exxel Group hace un par de años, cuando la operación estuvo a punto de cerrarse, pero se cayó porque Bimbo dudó si quedarse en el país o irse.
• Techo
Es que las cosas no han sido sencillas para los mexicanos: a pesar de estar en el país hace más de un lustro, y de haber invertido más de u$s 60 millones, no han logrado romper el techo de 20% del mercado; en sentido inverso, aún con cinco años de ausencia publicitaria, en concurso preventivo, habiendo cambiado de accionista en un proceso traumático que enfrentó durísimamente a la gente de Juan Navarro y a los del Deutsche, Fargo mantiene casi 60% de participación. La casi obvia especulación que se hace en el mercado es que Bimbo, de comprarla, «mataría» de manera gradual la marca Fargo para imponer la propia.
En sentido inverso, si bien sorprende el interés de Dolphin Fund en una empresa de consumo masivo, es cierto también que hay al menos una veintena de fondos -la mayoría capitaneados por ex banqueros- buscando negocios para comprar y vender más adelante, luego de saneada la empresa y renegociada la deuda.
Pero el momento de comprar «regalado» parece haber pasado: firmas y deudas que en el primer semestre de 2002 se ofrecían a una fracción de su valor -tal como sucedió en la crisis rusa, por caso-hoy ya han recuperado cotización hasta superar 50%. Por eso, los «distress funds» (aquí llamados «fondos buitre») sobrevolaron el país, miraron y en su gran mayo-ría partieron sin cerrar ningún negocio.




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