Periodista: La Fed postergó el tapering hasta nuevo aviso, pero las tasas largas tomaron la decisión de subir por su cuenta. ¿Cómo se explica? ¿Hubieran bajado si Powell daba la luz verde a la reducción del estímulo?
Jerome Powell.
Periodista: La Fed postergó el tapering hasta nuevo aviso, pero las tasas largas tomaron la decisión de subir por su cuenta. ¿Cómo se explica? ¿Hubieran bajado si Powell daba la luz verde a la reducción del estímulo?
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Gordon Gekko: Sí. Sobre todo después del frenazo en seco de la creación de empleo en agosto.
P.: ¿Cómo se entiende?
G.G.: Como todo lo que han hecho las tasas largas durante el año. Hay que admitir que estuvieron siempre un paso adelante. Subieron en el primer trimestre antes que el Congreso aprobara el megapaquete fiscal de Biden y de que la economía (y la inflación promedio) explotaran en alza. Y entonces parecían no tener límite. Las vimos en marzo en 1,77%.
P.: Sin embargo, cuando se encendió el crecimiento a tasas chinas, las tasas largas se hundieron.
G.G.: Tal cual. ¿Le creyeron los mercados a Powell cuando señaló que la inflación era transitoria y sus lecturas excedían 4%, y poco después 5%? Solo cuando comprobaron que los bonos no tenían motivo de queja. Las tasas largas son las que dicen que la inflación no es un drama.
P.: Después las tasas largas siguieron cayendo, y el mensaje fue que también la recuperación económica era transitoria, y ahí tampoco parecían tener el límite de un piso firme.
G.G.: Goldman Sachs corrigió sus pronósticos de crecimiento de EE.UU. por tercera vez a la baja en un mes. De 8,5% a 3,5% para el trimestre en curso. Pues bien, los bonos incorporaron el bache actual en sus precios ni bien comenzó julio. Y, nobleza obliga, lo juzgamos una exageración.
P.: Hoy se habla mucho de estanflación. Bajo ese punto de vista, que las tasas largas trepen de nuevo – a 1,37% en este momento – es una buena noticia, ¿o no?
G.G.: EE.UU. recuperó el nivel de actividad prepandemia, y lo superó, en el segundo trimestre. La recesión viral fue brutal, pero corta. Duró apenas dos meses, y la economía crece sin interrupciones desde mayo de 2020. Nunca reaccionó tan rápido y pujante a la salida de una recesión. Y aun si su vigor se ameseta no le cabe el sayo del estancamiento. En materia de precios, digamos que la mediana de la inflación que monitorea la Fed se conserva estable en 2,2%. Cuando se acuñó el término estanflación en los años ochenta, coexistía una recesión profunda con la inflación de dos dígitos. O sea, era otra geografía, estábamos en las antípodas.
P.: Pero el ánimo sería más sombrío si las tasas largas apuntasen a 1%.
G.G.: De acuerdo. Veremos qué pasa cuando superen 1,50%. La regla de su actuación este año es la de una molestia repetida. Una piedra en el zapato. Cuando subían porque no se sabía hasta dónde. Cuando bajaron porque se ignoraba qué veían de malo. Hoy están un cuarto de punto por encima de los mínimos de fines de julio y principios de agosto, y coincido, dan una señal de aliento. Pero incomodan cada vez que quiebran un rango.
P.: ¿Qué motor está detrás de este repunte de las tasas, a contramano de los últimos indicadores tan debilitados?
G.G.: Hoy por hoy, esta semana, la mano invisible de la Tesorería.
P.: ¿La necesidad de colocar más papel? Son tres subastas – a 3, 10 y 30 años – por 120 mil millones de dólares. ¿Cree que los mercados están nerviosos por su recepción (después de mucho tiempo)?
G.G.: Es innegable que bajaron un cambio. Allá por febrero tuvimos una mala licitación de 20 años que metió ruido. Y toda la baja de tasas largas se produjo con el Tesoro gastando lo ya recaudado (y depositado en la cuenta de la Fed). Así que algo de eso hay, en el margen.
P.: El tapering ya empezó. No en EE.UU., sí en Australia. Y el jueves se reúne el BCE. Con la inflación en 3%, un punto por encima de la meta, ¿será que Fráncfort le gana de mano a la Fed, y anuncia los recortes primero?
G.G.: La inflación núcleo es 1,6% y el BCE aggiornó la política monetaria a la estadounidense. Tiene tanto espacio como Powell pero si fuera por los nórdicos, las compras de bonos del programa PEPP podrían reducirse de 80 mil millones de euros a 60 mil millones para el cuarto trimestre. Christine Lagarde tendrá la misión de resistirse y mantener el plan bajo el paraguas flamante de la flexibilidad. ¿Querrá copiar a Australia, que achicó las compras pero alargó su vigencia? No creo, pero el PEPP expira el primer trimestre de 2022 y es un trade off posible. Sí rescataría el motivo que esgrimió Australia: el país está en cuarentena estricta, pero procedió al tapering porque descarta una recuperación vibrante ni bien amaine el brote de covid. En otras palabras, citó la misma confianza que denotan las Bolsas que no aflojan en su tenaz saga de récords.
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