Periodista: Después de una seguidilla de 8 récords al hilo, la Bolsa se tomó un respiro. Sumar 9 máximos consecutivos iba a ser un récord en sí mismo. ¿Qué puede frenar el paso de los toros? La inflación no basta. Mayoristas en 8,6% apenas arrima la excusa para una pausa, pero nadie piensa en nada grave.
Gordon Gekko: Después del anuncio del “taper”, la Fed tiene a mano un antídoto para lidiar con sorpresas desagradables.
P.: ¿Cómo se entiende que tras la noticia las tasas largas del Tesoro, que ya eran bajas, vuelvan a reducirse?
G.G.: No hay mejor definición de credibilidad. Son los bonos largos los que sostienen con más convicción la tesis de la inflación temporaria. Los precios mayoristas treparon 0,6% sólo en octubre. Los bienes finales, 1,2%. La tasa de 10 años es 1,44% anual, y está fija al vencimiento. Impresiona ver el anclaje de las expectativas de inflación. Son hechos, es capital hundido, y no meras palabras. Y si hubiera un error de cálculo, se perdería una fortuna.
P.: Que la Fed empiece a comprar menos bonos -a razón de 15 mil millones de dólares por mes - debería empujar las tasas en alza.
G.G.: Todo lo demás constante, sí.
P.: ¿Todo lo demás varía entonces? ¿Y todo se mueve a favor?
G.G.: No. Este trimestre, el banco central comprará menos bonos, y el Tesoro aumentará la oferta sensiblemente. El programa financiero contempla la colocación de más de un billón de dólares, lo cual constituye un récord de tamaño, a excepción de los tres meses posteriores a la “piña” que causó la pandemia. Es, más o menos, dos veces y media lo que se licitó el tercer trimestre.
P.: Todo lo otro constante más el comienzo del “taper” más la colocación acrecentada de deuda: es un milagro que las tasas largas no se disparen.
G.G.: Como le decía, el milagro de la fe. Más aun, hace un momento terminó la subasta de deuda a 10 años. El mercado digirió 39 mil millones de dólares de nuevos papeles.
P.: No es fácil aprobar una licitación de bonos a tasa fija después de “reprobar” un examen de inflación con tan malas notas.
G.G.: La subasta no fue nada espectacular. Eso sí: sorprendió un gran interés internacional, que venía muy opacado. Es bueno entender la dinámica de la curva de los bonos para explicarse después de dónde saca tanta fortaleza la Bolsa. El “taper”, lejos de perjudicar, apuntaló el rally de las acciones. Ataja la sensibilidad acerca de un traspié inflacionario, y así le cubre las espaldas. Las acciones toman más riesgos si perciben que la Fed no se quedará dormida al timón. No piden un volantazo de política sino una señal de que está atenta, y con el “taper” desenvainado, es mejor.
P.: ¿En qué quedó la rebelión que se insinuó en la parte frontal de la curva? ¿No era un motín de los mercados de corto plazo contra el discurso de los bancos centrales y su escaso celo antiinflacionario?
G.G.: Entre el “taper” de Powell y el dribling del Banco de Inglaterra - vendió una suba de tasas como altamente probable, no la aplicó y no pasó nada- se acabó el club de la pelea.
P.: La tasa de dos años se pinchó. No sólo en los EEUU. ¿Se calmó la ansiedad? Todo lo que digan y hagan los bancos centrales, ¿vuelve a estar bien? ¿Se equivocaron los mercados, entonces?
G.G.: Se embalaron por demás, y tuvieron que replantear su posición. Esto es prueba y error. La tasa de dos años llegó a 56 puntos base y ahora se enfrió a 41. El primer escenario sugería que la FED corría por detrás de los acontecimientos. El segundo reconoce que los mercados se pasaron de rosca.
Pero la palabra final, si se quiere, la tendrán los propios acontecimientos. La historia no termina aquí, seguirá fluyendo, y es un cauce lleno de sinuosidades.
P.: Después de una recesión, nada mejor para la Bolsa que una curva de bonos bien empinada. Sin embargo, ahora que la curva se aplana, y las diferencias de tasas se nivelan, el rally, lejos de moderarse, contraataca con más vigor. ¿Dónde está el truco?
G.G.: El “taper” es un mojón simbólico. Dimos vuelta una página, la mejor, la más vibrante. Pero la pendiente es positiva, las probabilidades de recesión son remotas, y el rally debe continuar. ¿Con más vigor? Eso es más que dudoso. Pero no se necesita tanto. Sin embargo, queda una anomalía: por qué las tasas reales son negativas (y la Fed no tiene nada que ver). Podemos convivir con esa espina porque la Bolsa en récord nos convence de que no hay de qué preocuparse, pero no lo pase por alto.
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